El cáncer cérvico uterino se ha convertido paradójicamente en la primera causa de muerte entre las mujeres nicaragüenses y desplaza así al cáncer de mama, aunque este último representa la primera causa de muerte en las mujeres a nivel mundial.

Actualmente distintos fenómenos sociales como la violencia intrafamiliar, el cambio climático y distintas patologías adquiridas a través de las relaciones sexuales, convergen para convertirse en las principales amenazas mortales para las mujeres del mundo. Los países con altos índices de pobreza, baja escolaridad y deficientes servicios de salud, representan su principal campo de acción.
Entre los nombres más conocidos de las patologías en las féminas, el cáncer es una de las principales causas de mortalidad y el número total de casos está aumentando en todo el mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que, a nivel mundial, la mortalidad por cáncer aumentará un 45% entre 2007 y 2030 (pasará de 7.9 millones a 11.5 millones de defunciones), debido en parte al crecimiento demográfico y al envejecimiento de la población.
En las estimaciones se han tenido en cuenta las ligeras reducciones previstas de la mortalidad por algunos tipos de cáncer en países con grandes recursos. Y cuanto a nuevos casos se estima que durante el mismo período el número aumentará de 11.3 millones en 2007 a 15.5 millones en 2030.
El cáncer del cuello uterino (CaCu) es el segundo tipo de cáncer más frecuente en la mujer, y prácticamente todos los casos están relacionados con la infección genital por el Virus de Papiloma Humano (PVH). Cerca de un 80% de los casos y una proporción aún mayor de las muertes por esta causa se registran hoy en países de bajos ingresos, donde prácticamente no hay campañas para la detección y tratamiento de esta enfermedad.
Nuestro país
De todos los padecimientos de cáncer entre las mujeres de Nicaragua, el cáncer cérvico uterino toma el primer lugar. Es el más diagnosticado. Luego se ubica el cáncer de mama, una realidad antagónica a la registrada a nivel mundial, donde el segundo tiene prevalencia y es la primera causa de muerte en las mujeres.
En nuestro país, que el también llamado cáncer del cuello uterino sea la primera causa de muerte entre las mujeres puede comprobarse con los datos enunciados por la doctora Indiana Talavera, directora del área de Oncología en el Hospital Bertha Calderón, único centro asistencial público donde se atiende dicha patología.
Las nicaragüenses que adquieren dicha enfermedad van de 600 a 700 anualmente, eso significa en promedio 60 casos mensuales, un estimado de 2 mujeres al día que contraen cáncer cérvico uterino a nivel nacional, explica Talavera.
La también vicepresidente de la Sociedad Nicaragüense de Ginecología y Obstetricia (Sonigob) comenta la afluencia de mujeres sobre todo de las ciudades y comunidades más alejadas de Managua, especialmente en la región norte como Jinotega, Estelí, Matagalpa, Sébaco y las dos Regiones Autónomas del Atlántico del país.
Los casos son más frecuentes en mujeres en edad posterior a los 35 años. Talavera calcula un 80% de mujeres nicaragüenses con dicha enfermedad comprendidas en ese rango de edad. El resto (20%) representa a esas mujeres menores de los 35 de las cuales se tiene poco registro.
¿Por qué?
Cuando una mujer es diagnosticada con cáncer cérvico uterino no significa que unas horas, días o semanas contrajo la patología, es una enfermedad con un ciclo de vida lento y conlleva, en la mayoría de los casos, 10 años para detectarlo como cáncer per se.
Antes deben adquirir el Virus del Papiloma Humano (VPH), el cual se transmite a través de las relaciones sexuales, sea porque el compañero de vida tiene una vida sexual activa múltiple o porque él mismo contrajo el virus con otra compañera.
«Es imposible decir que las mujeres pueden contraer el Virus del Papiloma Humano (VPH) antes de iniciar su vida sexual, pues no existe otra manera de contraer dicho padecimiento además del contacto sexual», aclara Talavera.
Y surge porque…
Esta jovial doctora endosa un sinnúmero de razones al hecho de atender a muchas nicaragüenses con cáncer cérvico uterino originarias de los departamentos en el interior del país.
Para iniciar, el desconocimiento sobre la importancia de realizar una revisión periódica a través del Papanicolau, aunado al machismo en estas zonas donde la ideología de los compañeros de vida o esposos de dichas mujeres considera inconcebible el hecho de que un médico del sexo masculino realice una inspección íntima a sus compañeras.
Esa relación vertical descarta toda posibilidad para efectuar la prueba y aleja a las esposas del papanicolau.
Se agregan fenómenos como el analfabetismo, la dependencia económica hacia el cónyuge, la inexistencia de programas integrales sobre salud sexual y reproductiva, planificación familiar y métodos anticonceptivos.
Estas situaciones poco favorecen en la tarea de garantizar la inclusión del hábito de prevención en el día a día de las nicaragüenses; por el contrario, la mayoría rehúye la que, considera Talavera, es la mejor cura.
Uno de los motivos de que sea esta enfermedad el principal motivo de muerte en las mujeres del país, se debe a la falta de revisión temprana que imposibilita el acceso al tratamiento.
El tratamiento
El cáncer cérvico uterino está comprendido en 4 fases, en las cuales la intensidad de efectos físicos experimenta un aumento a medida que la enfermedad llega a últimos niveles. El tipo de tratamiento dependerá de los avances de la patología en el cuerpo de la paciente.
Las fases 1 y 2 son conocidas como «fase temprana» y es razonable a nivel médico realizar una intervención quirúrgica.
El asunto empeora —o dicho de otra manera— crea más preocupación cuando la patología alcanza las fases 3 y 4 consideradas como «fase avanzada» pues en este punto ya es catalogada de cáncer avanzado.
Las únicas opciones ante la noticia conmovedora de ser diagnosticada con cáncer son 2 tratamientos distintos e igualmente dolorosos: la radioterapia y la quimioterapia. Para la primera existe una sesión de 15 minutos diariamente, mientras las transfusiones (quimio) se realizan cada 8 días y comprenden 5 en total.
Sobrevivir
Jazmina Martínez transmite una ingenuidad inalterable con su fina cara, delgada figura y baja estatura. Nada comparada a las efusivas ganas de hablar sobre su historia como sobreviviente de cáncer cérvico uterino en el Hospital Bertha Calderón, un sitio donde según ella le han atendido satisfactoriamente.
Para ella los días de paciente en los corredores de paredes rosas y puertas verdes se han convertido en minutos de ayuda para quienes hoy ocupan ese lugar que hace 3 años, debido al descubrimiento de una hemorragia cervical, debió tomar.
Para junio de 2008 esta joven madre recibía la noticia. Un doctor de León —cuenta con ojos brillantes de niña asombrada— le recomendó viajar cuanto antes a la capital para ser atendida porque le diagnosticó cáncer cérvico uterino.
«… pero mire en ese centro de salud de Pueblo Nuevo si no fue porque me puse como el color de este cielo raso de blanca por tanto sangrado, no me decían nada», narra mientras posa su mirada en el techo del albergue donde esta mujer estiliana compartió su cama con otra paciente durante muchas noches. Lejos de sus 3 hijos varones y su única hija, a quienes recuerda cada 5 minutos en su narración.
Martínez llegó este inicio de año a la cita periódica y reglamentaria para la revisión postratamiento. Estas sesiones de revisión disminuyen su continuidad con el paso de los años, pero son permanentes, o en palabras sencillas, para toda la vida. Así es la realidad de toda mujer que recibió tratamiento por cáncer cérvico uterino, pues el hecho de ser curada no significa salvarse de contraerlo nuevamente.
Quien pasó por ese proceso debe recibir una revisión cada 3 meses durante el primer año, la cual consiste en la detección de anomalías en todo el aparato reproductor, sean daños ocasionados por la radiación o el tumor en su caso.
Para el segundo año las visitas al Bertha Calderón se alejan 6 meses entre cada una, pero la asistencia debe ser disciplinada y obligatoria, pues la reincidencia no se descarta.
Esta mujer deja en claro que la fuerza de voluntad, cuando se reciben radioterapias y quimioterapias, es el ingrediente principal de la supervivencia.
Con el rostro orbitado de frescura y alegría, Martínez recuerda los «días de quimio» como los momentos más inolvidables de su vida, aunque reconoce lo difícil de estar con la compañía única de mujeres desconocidas, pues entre sus hijos nunca surgió la interrogante de saber cómo transcurría su tratamiento.
Desde la detección del cáncer en su organismo, Martínez debió viajar a Managua sin la compañía de un familiar, sobre todo de sus hijos a quienes considera personas adultas. Con la tranquilidad de una persona resignada y consciente de que su salvación depende de si misma, resume sus 3 años sin compañía con una frase increíble: «Ellos [sus hijos] nunca se han interesado por saber qué tenía yo o qué necesitaba y hasta la fecha no saben de esto», cuenta.
Esta madre norteña no exhala una pisca de resentimiento al referirse a su condición y todo aquello que durante ese tiempo ha sido doloroso y difícil, aunque las sesiones de quimioterapia y radioterapia —acepta— serían menos insoportables con un familiar al lado. Aún con todo nunca dejó la batalla y se siente bendecida y con suerte.
«Una de las cosas que me extrañó fue que no perdí mi cabello y que siempre sentía esas ganas de seguir viva, sentía las mismas energías de cuando estaba sin esto y nunca me dejé», narra con voz entrecortada.
En el Bertha Calderón
A este centro asistencial llegan mujeres distintas partes de Nicaragua. La lejanía a Managua caracteriza a los grupos de pacientes reunidas sea para las sesiones de quimioterapia o radioterapia. Cuando llegan a este hospital de olores distintos en cada esquina o área, estas féminas inician una relación de corta duración, pero inolvidable para cada una.
Pero existe una persona, quien voluntariamente ha dedicado sus últimos 7 años de vida a ayudar, sea económicamente o cuando las enfermas necesitan ser escuchadas en momentos de dolor físico o espiritual.
Doña Martha Leiva, exmilitar y sobreviviente de violencia intrafamiliar, nunca obvió en sus narraciones la fe y la creencia de que Dios la envió al Bertha Calderón para ser un brazo de apoyo para las mujeres con cáncer cérvico uterino. Pertenece al Ministerio de Proyección Social «Iglesia Dios viviente», un centro en donde depositó y enterró su pasado.
Desde su ingreso a dicha institución religiosa, esta señora de sonrisa permanente y energías contagiosas, recibió la sugerencia de realizar un trabajo en pro del bienestar común.
Doña Martha, ¿Qué hace aquí?
«Estas mujeres necesitan que alguien les ayude a resolver las necesidades aquí porque después de recibir radioterapia no querés ni comer y decir que buscar la comida peor», dice con un acento de seriedad y preocupación.
Doña Martha, como le dice cada paciente con cáncer cérvico uterino en el Bertha Calderón, visita las oficinas de distintas empresas privadas para lograr las donaciones de distintos materiales básicos para la sobrevivencia de las pacientes.
Desde el día uno -cuenta- me movilicé para conseguir la construcción de la parte más nueva del albergue donde residen las mujeres provenientes de los municipios o comunidades más alejadas de Managua.
Hasta el momento la adquisición de 2 refrigeradoras, 1 cocina industrial, materiales ideados para realizar manualidades, 12 catres y todas las sillas en el albergue son gestiones realizadas por Doña Martha, las cuales se convirtieron en donaciones.
Se encargó de reunir a un combinado grupo de pacientes, no sólo por el origen de cada paciente, sin por la situación y el estado de la enfermedad en sus cuerpos.

Las pacientes
Son 5 mujeres. El Rama, Bluefields, Somotillo (Chinandega), Matiguas (Matagalpa) y La Pista (Carazo), las ciudades de donde llegaron. De ellas 3 recibirían por primera vez las sesiones de quimioterapia y radioterapia. El resto estaban a pocos días de poner punto final al tratamiento.
Los rostros presentaban un abanico de estados de humor, resaltados sobre todo por las batas de ingresadas, en los que se puede percibir a primera vista el dolor físico por las penetraciones de agujas o acaso la reciente descarga de radiación en la sección pélvica, las cuales impiden caminar con facilidad en un pasillo sin obstáculos.
Todas saludaron efusivamente a Doña Martha y cuando Eufemia (de Somotillo) la catalogó como una bendición, entre el grupo el eco a sus palabras no tardó en aparecer.
De inmediato empezaron a nombrar los motivos por cuales estaban en el centro asistencial. De ellas, 4 coincidieron en que una hemorragia anormal sonó las campanas de alerta. Tenían en común la causa de su ingreso. El caso de excepción se trata de una humedad excesiva en el aparato reproductor de la paciente originaria de Bluefields.
Terminada la ponencia de causas, no dudaron en compartir el aspecto más difícil de su estadía como paciente de cáncer cérvico uterino. Las coincidencias seguían. Todas, como cuenta doña Martha, son mujeres de escasos recursos económicos, venidas de lugares lejanos, con familia y disposición a dar la batalla por la sobrevivencia.
Pero entre ellas referirse a la lejanía con sus familiares causo un efecto de tristeza repentino. Los suspiros y revisiones visuales en el techo aparecieron. Cuando Enriqueta (de Bluefields) reforzó el argumento al decir que dejar a su hijo menor para estar en la cita del tratamiento era lo más doloroso, las demás en orden expusieron motivos distintos, aunque todos llevaban al punto de la lejanía familiar.
El diagnóstico
Cuando le pregunto a cada una cuál fue la reacción al momento de enterarse sobre su enfermedad, 4 llegaron a la misma frase: «pensé que me iba a morir».
Adelaida Mendoza (de El Rama) confesó no haber tenido algún pensamiento parecido, aunque estaba informada de qué se trataba. «De hecho no pensé en nada, solo sabía que debía ser fuerte y siempre supe que me sanaría porque mi familia me esperaría y no quería dejar solo a mi niño», argumentó.
Las cinco pacientes están conscientes de los días por venir y lo difícil de cada uno.
Todas se sostienen del amor a su familia, sobre todo del compromiso de volver a sus casas curadas y con la energía necesaria para abrazar a sus hijas, hijos, compañeros de vida o esposos, estos últimos enterados de la enfermedad y a quienes se les permite visitarlas periódicamente.
No podían despedirse de la conversación -decían- sin antes reconocer el trabajo de acompañamiento hecho por Doña Martha, quien se encarga de proveer aquellas medicinas que salen de su alcance, de garantizar la comida, el trabajo de distracción a través de las manualidades y desde luego ese diálogo que siempre es bienvenido, terminan.
¿Qué sigue?
Existen dos requerimientos urgentes en el Bertha Calderón. Las pacientes no reciben las sesiones de radioterapia en el mismo perímetro donde se alojan. Si bien las transporta una camioneta asignada para tal tarea, la jornada se vuelve dolorosa por la incomodidad o acaso por los estragos físicos.
Por otro lado la afluencia de pacientes recién diagnosticadas o las que llegan para continuar su tratamiento hace de dicho vehículo un medio insuficiente. Doña Martha gestiona ante la esposa de un reconocido empresario de autos en el país la adquisición de un microbús, el cual garantizaría llevar a gran parte de los grupos hacia el Centro Nacional de Radiología Nora Astorga, donde las pacientes reciben la radiación.
«Sigo a la espera de una respuesta, porque ella ya lo sabe y le hice la petición cuando vino a inaugurar parte de la infraestructura del albergue», comenta con su interminable sonrisa.
Por otro lado esta señora con ánimos planea gestionar la construcción de otro pasillo con más habitaciones detrás del albergue (en el lado sur), pues considera urgente la ampliación del lugar debido a la llegada de más mujeres al centro en el resto del año.
Doña Martha espera seguir por mucho en el Bertha Calderón con su trabajo voluntario y así garantizar la sopa que cocina para 100 pacientes, sea del albergue o quienes están en las camas de los pasillos del área de oncología.
«Ese regalo lo doy un jueves o un sábado cuando el donante me entregó los mil córdobas que necesito para cocinarla en el comedor que tenemos en el albergue», termina.
Diagnóstico-tratamiento

Prueba de Papanicolaou:
Procedimiento para recoger células de la superficie del cuello uterino y la vagina. Se utiliza un trozo de algodón, un cepillo o una paleta de madera para raspar suavemente las células del cuello uterino y la vagina. Las células son examinadas bajo un microscopio para determinar si son anormales. Este procedimiento también se llama prueba Pap.

Examen pélvico:
Examen de la vagina, el cuello uterino, útero, las trompas de Falopio, los ovarios y el recto. El médico o el enfermero introduce 1 o 2 dedos cubiertos con guantes lubricados en la vagina, mientras que con la otra mano ejerce una ligera presión sobre el abdomen para palpar el tamaño, la forma y la posición del útero y los ovarios. También se introduce un espéculo en la vagina y el médico o el enfermero observa la vagina y cuello uterino para detectar signos de enfermedad. Habitualmente se lleva a cabo una prueba de Papanicolaou del cuello uterino. El médico o el enfermero también introduce un dedo enguantado y lubricado en el recto para palpar masas o áreas anormales.

Mitos
Cuando se trata de las intervenciones quirúrgicas, las cuales se realizan únicamente en la fase temprana de la patología, es decir, cuando se detectó con anticipación, existe la creencia de que se extrae el útero en la cirugía.
Efectivamente, la extracción de esta parte del aparato reproductor femenino se debe a que generalmente la aparición de pequeñas verrugas en el cuello uterino amerita la extracción del mismo, puesto que con el transcurso de los días esas anomalías pueden convertirse en daños graves o un tumor, el cual puede expandirse a los demás órganos del cuerpo.
¿Acaso las mujeres curadas por cáncer cérvico uterino pueden tener una vida sexual normal después de recibir el tratamiento radioactivo o químico?
Es recomendable que tras 1 mes de recibida la radioterapia y quimioterapia la paciente inicie, con intensidad baja, su vida sexual, puesto que distintas situaciones se presentan y pueden ocasionar el cierre total del útero, lo cual acarrea incomodidad cuando la paciente regresa a su revisión periódica, incluso puede ser lastimada.
Entre esas situaciones está la carencia de la hormona responsable de crear humedad en la vagina de la mujer, la cual se ubica antes del útero, cuando la paciente está en la menopausia. Por otro lado, la radiación provoca el cierre o estrechamiento del aparato reproductor femenino.
Se recomienda entonces que no se abandonen las relaciones sexuales, siempre con la protección y prevención debida para quienes tienen compañeros de vida o esposos. En caso contrario buscar instrumentos ideados para simular la penetración y evitar el cierre total.
Librexpresión
Paso de Cebra
La Brújula TV
Fútbol en letras
Desde mi ventana
Bitácora
Cultura Digital
Desde la Redacción

SE COMENTA
Escrito por 'Elvis' sobre '¿País de poetas?'
Escrito por 'César' sobre 'La explotación laboral… ¿otra forma de trata?'
Escrito por 'leon ernesto' sobre 'Sobrevivir en la Universidad'
Escrito por 'Carlos Elias' sobre 'Cámaras Lytro Una propuesta fotográfica revolucionaria'
Escrito por 'keyla' sobre 'Sobrevivir en la Universidad'
Escrito por 'Ricardo Arce Castellon' sobre 'Sobrevivir en la Universidad'
Escrito por 'carlos' sobre 'Sobrevivir en la Universidad'
Escrito por 'Engell Vega' sobre 'Sobrevivir en la Universidad'
Escrito por 'larrea juan' sobre 'La Vida de los Otros, una película que retrata a la Stasi'
Escrito por 'Rosario' sobre 'El becado perfecto'
Escrito por 'Ingrid' sobre 'Voces Unidas para hacerse oir'
Escrito por 'ccc' sobre 'La bestia de los migrantes'
Escrito por 'Christopher Ramírez' sobre 'Las 12 Películas más esperadas para el 2012'
Escrito por 'carlos luis martinez' sobre 'La Vida de los Otros, una película que retrata a la Stasi'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Ivan alain castañeda ruiz ' sobre 'Historias de becados: "Estudiar, viajar y crecer"'
Escrito por 'Gerardo Huerta' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'matias' sobre 'En Argentina el "maradonismo" ya es una religión'
Escrito por 'Jazmín' sobre '¿Amor!'