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ene

Cultura

40 años de La Naranja Mecánica

Yader Luna

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Ilustración: Edwin Moreira

 

La organización del Festival de Cannes decidió sumarse a la celebración del cumpleaños de La Naranja Mecánica, proyectándola en el programa Classic Cannes para el disfrute de los seguidores y admiradores de Stanley Kubrick y su cine.


Hace 40 años el director de cine sorprendió al mundo con una película futurista situada en Londres en la que Alex DeLarge, interpretado por Malcolm McDowell, rompió esquemas y es considerada una de las mejores películas de la historia.


El joven Alex DeLarge tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los «drugos», que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.


Todo ello conduce a la cuestión que se plantea: si a los seres humanos se les priva de la capacidad de elegir el mal, ¿son necesariamente buenos?


La naranja Mecánica fue la siguiente cinta de Kubrick tras su otro ya legendario filme, 2001: Una odisea del espacio y lo confirmó como un director con un imaginario extraordinario y como un cineasta de futuro.


Tan es así, que cuatro décadas después, los filmes de Kubrick siguen emocionando a las audiencias y se han convertido en películas de culto.


Este hombre se convirtió en uno de los grandes artistas independientes del cine moderno. Al igual que un orfebre, se ganó el status de cineasta obsesivo al trabajar meticulosamente cada detalle de sus películas, muchas repitiendo una misma escena en cantidades industriales, hasta que lograba dar con aquella que consideraba perfecta.


Desde su adaptación de la novela Lolita, de Vladimir Nabokov, tomó el control artístico de todos los pasos de la producción desde el principio al final, incluso el mercadeo y las proyecciones públicas.


No fueron los Rolling Stones
El grupo de rock rechazó protagonizar la película por motivos de agenda y revendieron los derechos de autor a Stanley Kubrick. Después de 40 años de su estreno pocos recuerdan que gracias a que la banda británica dejó el proyecto por problemas de agenda Kubrick pudo comprar los derechos para filmar así una de sus cintas más impactantes.


¿Cómo habría sido el filme con Mick Jagger como Alex DeLarge y el resto de la banda -Bill Wyman, Charlie Watts, Keith Richards y Brian Jones- en el papel de los «drugos» que bebían leche en el bar Milk More?


La naranja mecánica es una de las cinco novelas que Anthony Burgess había escrito con prisas en 1961 para poder pagar la operación de su mujer por un tumor cerebral. Su inspiración fue la violación que ella sufrió en 1944 mientras él servía al ejército británico en Gibraltar. El autor vendió los derechos a un productor teatral, Si Litvinoff, por tan solo 500 dólares.


En mayo de 2008, una carta de Litvinoff descubrió que este curioso proyecto en un principio pensaba contar con una banda sonora de Los Beatles.


Inspiradora
En la biografía de Stanley Kubrick, escrita por John Baxter, se recuerda cómo Jagger estaba entusiasmado con el libro, pero no fue el único músico que cayó en el embrujo de la obra. También Elvis Costello se convirtió en coleccionista de copias de la primera edición del libro.


Mientras que Paul Cook, batería de los Sex Pistols, dijo alguna vez: «Odio leer. Solo he leído dos libros. Uno era acerca de los hermanos Krey. Y el otro La naranja mecánica».


Kubrick, ya había leído con cierto desinterés años antes el guión de La Naranja Mecánica,  pero tras ver naufragar su ambicioso proyecto de rodar la vida de Napoleón Bonaparte, decidió dirigir el que se convertiría en un hito cinematográfico.

 

 

Origen del nombre
Fuente: Wikipedia


La naranja mecánica (cuyo título original es A Clockwork Orange) es una novela publicada en 1962 y adaptada por Stanley Kubrick en la película homónima aparecida en 1971.


Su autor, Anthony Burgess mencionó que el título se deriva de una vieja expresión cockney (As queer as a clockwork orange, que podría traducirse como «tan raro como una naranja de relojería»), pero descubrió que otras personas encontraban nuevas interpretaciones para el título.


Por ejemplo, hubo gente que creyó ver referencias a un antropoide (más precisamente a un orangután, pues la palabra orang es de origen malayo) mecánico. Hubo rumores de que Burgess tuvo la intención de titular su libro originalmente como A Clockwork Orang y que tras una ultracorrección terminó con el título con el que lo conocemos hoy.


En su ensayo Clockwork oranges, Burgess menciona que «este título sería ideal para una historia acerca de la aplicación de los principios pavlovianos o mecánicos a un organismo que, como una fruta, cuenta con color y dulzura». El título alude a las respuestas condicionadas del protagonista a las sensaciones de maldad, respuestas que coartan su libre albedrío.


Otra versión es la que menciona que el escritor hizo un juego de palabras y, realmente, lo que el título significa es «el hombre mecánico», aludiendo al hecho de que una máquina puede programarse para desempeñar una tarea, pero siempre al costo de quitarle otra función.


Esto se relaciona en el libro con la imposibilidad de Alex para provocar daño, al costo de su incapacidad para defenderse.

 

Origen ultraviolento
En algunas biografías se dice que la violenta banda de Alex y sus drugos fue inspirada por la violación que sufrió su primera mujer durante un bombardeo nazi en la Segunda Guerra Mundial a manos de cuatro soldados estadounidenses acantonados en Londres.

 

El autor
Anthony Burgess Wilson nació en 1917 cerca de Manchester. Publicó su primera novela, Time for a tiger, con 39 años. En 1960, cuando era profesor del British Colonial Service en Malasia, le diagnosticaron de forma errónea un tumor cerebral y los médicos le dieron 1 año de vida.


Es entonces cuando empieza a escribir profesionalmente. Acuciado por la pronosticada falta de tiempo, escribe 8 novelas en 2 años, un ritmo que ya no abandonaría hasta su muerte en 1993 de cáncer de pulmón.


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