El derrame de BP ha demostrado que ninguna economía y Estado se encuentran preparados. Poniendo nuestra barba en remojo, los nicaragüenses -ante un derrame portuario-, declara el catedrático Mauricio Lacayo, sólo le haríamos frente con las manos y no para sacar el combustible, sino para sostenernos la quijada o taparnos la boca.

Para el Msc. Mauricio Lacayo, catedrático de la facultad de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), ningún país de Centroamérica está preparado para hacerle frente a un derrame de combustible y todos somos altamente vulnerables.
“Tenemos una vulnerabilidad similar en toda Centroamérica. En Nicaragua particularmente porque se carece de normativas e instituciones que sean exigentes hay mucho desorden y eso nos mantiene en riesgo constante”, afirmó el Msc Lacayo.
El catedrático citó como ejemplo que en los últimos 20 años hemos tenido cinco roturas del oleoducto que va de Puerto Sandino a Managua por el cual pasa combustible crudo y ha sido por falta de orden en cuanto al derecho de vía, pues tenemos gente habitando sobre el oleoducto y la última rotura que se dio fue porque la lluvia dejó al descubierto un tubo y un indigente comenzó a golpearlo para arrancarlo y venderlo como chatarra.
“Aquí las empresas cumplen con hacer sus planes de contingencia pero no hay una autoridad que disponga de personal y recursos para comprobar que eso que dicen tener en existencia para hacerle frente a un derrame de verdad estará listo para ser usado”, comentó Lacayo.
Lacayo destacó que las instituciones tienen el gran reto de crear planes contingentes serios, es decir bien estructurados y constantemente estar capacitando al personal con simulacros para que sepan qué debe hacerse ante una eventualidad como esa.
“No hay en el país planes contingentes serios de verdad, se va uno a Corinto y el plan contingente es liviano, igual Puerto Sandino pues son evidentemente planes para enfrentar situaciones pequeñas, derrames que no van más allá de los 50 barriles de combustible cuando se reciben tanqueros pequeños de 90 mil galones por lo menos una vez a la semana, la infraestructura en Corinto para contención y descarga de combustible no se ha desarrollado paralela a las medidas de seguridad”, dijo Lacayo.
Dios existe
También Lacayo comentó que ante la situación de riesgo con la cual conviven los 19 mil habitantes de Corinto y que hasta ahora no se haya dado ningún derrame que lamentar se limita a una afirmación “Dios existe”.
“Si hubiese un derrame de una tubería de un barco hacia el mar no podríamos enfrentarlo porque no hay metros de barrera para evitar que llegue el combustible al estuario y después no tenemos equipo para recoger el petróleo en agua, la única empresa que se conoce posee un recolector (esquilmer) es la planta eléctrica Corinto y sólo tiene capacidad para capturar de 20 a 30 barriles un derrame de 100 barriles ya sería imposible de manejar”, comentó Lacayo.
Los equipos y recursos para detener el impacto de un derrame son sumamente caros y como es un riesgo -como se pueden usar no se pueden usar- no todas las empresas invierten dinero para su compra.
“Si se diera un derrame sólo tendríamos las manos para hacerle frente y no para sacar el combustible sino para sostenernos la quijada o taparnos la boca porque tampoco contamos con una regulación que determine qué se debe hacer”, dijo Lacayo.
Sin un plan
El Sistema Nacional de Atención, Prevención y Mitigación de Desastres (SINAPRED) que aglutina a Defensa Civil del Ejército de Nicaragua así como todas las instituciones y ministerios como máxima instancia de operación al momento de una catástrofe o fenómeno natural no cuenta con un plan operativo en caso de derrame.
Los únicos planes con los que cuenta Sinapred son en caso de deslizamiento de tierra, inundaciones, huracanes y un plan de contingencia ante derrame evidentemente debe tomar en cuenta la evacuación de las personas expuestas al peligro.
Basados en la ignorancia
Nicaragua cuenta con 8 leyes, 12 decretos, tres normativas y tres resoluciones ministeriales referidas al tema de Hidrocarburos ninguna, así como la Ley de Delitos contra el Medio Ambiente. Estas determinan los mecanismos para obligar a una empresa a asumir el resarcimiento de daños.
Las empresas actúan de acuerdo a su voluntad, agregó Lacayo, en cuanto a la forma en la cual asumen sus derrames o contaminación así que si se diera un derrame el Estado no podría exigirle a la empresa absolutamente nada porque no tiene los mecanismos para obligarla.
“Es lamentable con sólo comparar las normas técnicas de países de América del Sur, las leyes referidas al tema son sumamente especificas y aún así tienen muchos vacíos pero aquí nuestras leyes y reglamentos no exigen nada, son regulaciones someras, no tenemos ni regulación sobre los dispersantes que deben ser usados, así que no nos asustemos que si hay un derrame nos quieran hacer las empresas como en el derrame Exxon Valdez de pagar las aves contaminadas al mismo precio que una libra de pollo, porque nuestras leyes, decretos y normativas se hacen desde la ignorancia del tema”, afirmó Lacayo.
Unir esfuerzos
El catedrático Lacayo señaló que aún con el riesgo que tenemos y la vulnerabilidad latente, deberíamos estar tomando cartas en el asunto como sociedad y posteriormente como región.
“El tema de los planes de contingencia y de las normativas de operación no lo podemos seguir postergando, despertemos, el de BP es el mayor derrame de la historia y le ocurrió al país más rico del mundo del que copiamos todo y no tienen una solución, esto debería ser tema de debate en Nicaragua como ya lo está siendo en países como Brasil, donde hay simposios en las universidades y un intercambio masivo de información entre empresas, Estado, sociedad, Universidades. Hay un riesgo latente y debemos asumir una postura como nación”, dijo Lacayo.
Desde hace más de una década la Organización Maritima Internacional (OMI) ha venido haciendo esfuerzos para presionar a los gobiernos centroamericanos para hacer un plan contingente regional pues al momento de un derrame ninguno de los países podría enfrentar sólo el problema.
“Nuestras economías son precarias y a pesar de eso la intención de un plan regional no ha cuajado así que este sería el momento para comenzar a tomárnoslo en serio”, concluyó Lacayo.
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