Eduardo Báez, el director de la Fundación Libros para Niños, falleció reperntinamente la semana pasada. La Brújula le rinde aquí un pequeño homenaje.
A pesar que se fue inesperada y repentinamente, el legado de Eduardo Báez perdurará en los cientos de niños y adultos que por medio de los cuentos e historias que publicados por Libros para Niños, encontraron no solo conocimiento, sino fuente de inspiración para proyectos y sueños.
Eduardo Báez Cruz apostó por los más pequeños seguro que estaba sembrando en terreno fértil.

“Ha sido la muerte de un niño, porque para llevar adelante un proyecto de esta envergadura -como era Libros para Niños- se necesita, más que ser un adulto, volver a ser el niño en que Eduardo, con su partida, se volvió a transformar”, dijo en un comunicado el presidente del Centro Nicaragüense de Escritores, Luis Rocha Urtecho.
De nuestro archivo: "En la escuela vacunan contra la lectura". Una entrevista de La Brújula con Eduardo Báez.
La Brújula Semanal se une al vacío que deja su muerte, segura que Gabriela, Luis Báez y María Gabriela, esposa, hijo y Sub-directora de Libros para Niños continuarán con este proyecto al que que hace 15 años se sumó Eduardo quien falleció el pasado 8 de mayo.
Creemos que su ejemplo debe motivar a más soñadores, para ello compartimos con ustedes su Autobiografía.
Por Eduardo Báez Cruz (1953-2010)
Nací un 19 de Julio de 1953 en Nicaragua, en una familia de clase media, bajo la dictadura dinástica de los Somoza. En abril de 1954, nueve meses después de mi nacimiento, mi padre fue asesinado por la dictadura, un hecho que marcó la vida de mi familia y por supuesto la mía.
Crecí con mis abuelos maternos, en un hogar en el que nunca hubo un televisor por lo que todas las noches se contaban historias. A los niños nos contaban los cuentos de caminos, leían cuentos de hadas, cuentos árabes, historias de caballería o nos relataban historias de la familia y de los sucesos y conspiraciones políticas contra la dictadura en que participaban tíos y amigo.
Tuve la dicha de que los libros y la lectura, como actividad cotidiana estuvieron presentes desde siempre en mi vida. Con mis hermanos podíamos pasar horas hojeando o leyendo libros con ilustraciones o fotografías que hacían volar nuestra imaginación.
Me considero un lector “promiscuo”, capaz de disfrutar las lecturas más diversas y enemigo personal de los “snobismos” lectores. Fui un adolescente de los sesentas con todo lo que eso significó para mi generación. La rebeldía de los sesenta evolucionó hacia la militancia revolucionaria, la que me llevó a participar en la lucha armada contra la dictadura.
Viví la euforia del triunfo revolucionario en 1979 y al igual que miles de nicaragüenses estuve convencido de que éramos capaces de hacer realidad la utopía para nuestro país.
En febrero de 1980 asumí la coordinación de la Cruzada Nacional de Alfabetización en el departamento de Managua, luego me tocó ocupar diversos cargos de dirección en el Viceministerio de Educación de Adultos; en este tiempo me formé como educador bajo la influencia de la educación popular que se expandía con mucho vigor por América Latina.
En 1986 después de un proceso personal de desilusión, frustraciones y desengaños, que me llevó varios años, renuncié a mi trabajo en el estado y al partido.
En 1994 se me presentó la oportunidad de unirme a un pequeño grupo de personas que estaban empeñadas en trabajar para despertar en la niñez nicaragüense el amor por los libros y la lectura desde una ONG llamada Libros para Niños.
Después de 15 años de tener el privilegio de ser parte de la Fundación Libros para Niños, estoy convencido de que el trabajo que hacemos, al poner al alcance de las familias libros de alta calidad para que sean leídos en un ambiente de libertad y afecto, es realmente una revolución silenciosa pero profunda y que no tiene más motivación que el amor.
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