En su segunda entrega del especial sobre los aportes de Radio Palabra de Mujer a la lucha de las mujeres del municipio de Bocana de Paiwas, Yader Luna explora sus batallas en materia de salud sexual y derechos reproductivos.
Ese día "Monserrat" llegó sudada y llorando a su casa después de correr un par de kilómetros.
Venía de la escuela, de un día que debía haber sido normal.
Con el pelo alborotado se encerró en su cuarto en espera de su madre.
Cerró los ojos para tratar de borrar lo que le acaba de suceder. No pudo.
Y "Monserrat" empieza a llorar automáticamente cuando le comento que conozco su historia.
No le digo nada más. Han pasado cuatro años desde ese día, pero la veo sufrir como si fuera hoy.
Estoy de nuevo en Bocana de Paiwas, lamentando no haber recibido en la universidad algún manual sobre insensibilidad periodística.
Dicen que con un año en las páginas de sucesos de un periódico la sensiblería se pierde, pero no tuve esa "suerte".
Frente a mí y por mi culpa Monserrat está llorando a pesar que hace apenas diez segundos me acaba de conocer.
Se me salen un par de lágrimas y no sé qué hacer para consolarla.
Talvez si me hubieran dicho que iba a conocerla y a entrevistarla me habría preparado mejor.
Pero en esta vida, nadie te avisa que las cosas van a suceder, las cosas pasan y te toca aprender a sobrellevarlas.
Eso le pasó a Monserrat.
Nadie le dijo que aquella mañana el director de la escuela donde estudiaba la iba a llamar con engaños para violarla.
Y yo nunca me imaginé que la jovencita de 17 años que vende hojaldras (masa delgada de maíz con miel) en las calles de Bocana de Paiwas, era de quien me habían hablado en Radio Palabra de Mujer.
Entonces la llamé apresurado, para conocerla un poco más, sin tiempo para pensar en qué decirle.
Noto mucho miedo en sus ojos y en su lenguaje corporal.
En la pared de la mesa donde estamos sentados está pegada una calcomanía que dice: “Ojo abusador: estamos detrás de vos” y ella, mientras se cubre el rostro con una toalla, llora silenciosa y trata de calmarse.
Monserrat tiene los ojos negros, que a veces miran fijamente y otras miran al vacío, como recordando el día en que la violaron.
Desde ese día -dice, ya más calmada pero con dificultad al hablar- no confía en ningún hombre.
“Aunque mi hijo es varoncito y sé que no todos los hombres son malos”, agrega con voz tímida.
Su historia es la de muchas en Nicaragua. Durante enero a septiembre del 2009, más de 350 mujeres fueron violadas por mes, según estadísticas de la Comisaría de la Mujer y la Niñez.
Más de 13 mujeres por día!
Y en el 2009 más de 8 mil 200 niños y niñas con edades de uno a 16 años vivieron abuso sexual y violación.
El caso de Monserrat, por ejemplo, ocurrió cuando tenía 13 años y estudiaba cuarto grado de primaria en el Centro Escolar Julio Lira.
Y la violación le dejó varios recueros que no podrá borrar el tiempo, incluyendo a su hijo.
Era el año 2006, el mismo año los diputados decidieron penalizar el aborto terapéutico.
“Yo al principio no lo quería tener, pero mi mamá y las mujeres de la radio me apoyaron”, relata Montserrat.
La historia más triste de su vida y el capítulo más difícil en la historia de la Radio Palabra de Mujer.
Jamileth Chavarría, locutora del programa de denuncia “La Bruja Mensajera”, recuerda el de Montserrat como el caso más polémico en los nueve años que tiene de funcionar la emisora.
El violador de Monserrat era director de la escuela a la que la niña asistía, ex candidato alcalde, vinculado a la Iglesia Católica...
En fin, un hombre muy popular en el pueblo de Bocana de Paiwas.
“No fue fácil para mí, porque hasta amigo mío era, pero lo denuncié en el programa porque uno no debe dudar en denunciar a cualquier persona que destruya la vida de una niña”, confiesa.
Sin embargo, lo triste fue que cuando las mujeres de la radio hicieron la denuncia todo el pueblo se les opuso.
La mayoría del pueblo en las calles, en la Iglesia, en la escuela, cerró filas con el hombre.
Al final por argucias legales fue declarado inocente.
“A mí mama y a mí nos daba pena salir a las calles, porque nos señalaban”, recuerda Monserrat.
Chavarría recuerda que la niña decía que “quería ahorcar al bebé cuando naciera”.
Pero al nacer su instinto maternal pudo más y hoy su pequeño tiene tres años.
Lo cría sola y vive junto a su madre.
Tiene que salir a vender para mantenerse y estudia secundaria.
Algún día sueña con ser abogada para “defender” a las mujeres.
"Para mí, él murió"-asegura la joven al referirse a su violador. Y agrega que hoy es él quien agacha la mirada al encontrársela en la calle.
La Casa de la Mujer de Bocana de Paiwas inició a trabajar desde 1992, cuando seis mujeres se organizaron para combatir el cáncer cérvico-uterino.
Por lo tanto no es de extrañar que hayan decidio que una de las tareas de Radio Palabra de Mujer también sería buscar una mayor educación sexual entre los pobladores de su municipio y el cumplimiento de sus derechos de acceso a la salud.
“En las comunidades las mujeres no sabían siquiera que es el examen de papanicolaou y así montamos talleres”, recuerda doña Esperanza Oporta, una de las precursoras de ambos proyectos.
Su misión principal: llevar un mensaje directo a hombres y mujeres. ¿Cómo? Llegando a la mayor cantidad de oyentes que puedan. Apuestan a la revolución de las conciencias en una sociedad machista.
Según Celia Contreras, una de las dirigentes de las mujeres, han luchado a pasos lentos, pero seguros.
“Y aunque se dé un paso poco a poco, lo importante es no retroceder”, asegura.
La Bruja Mensajera, el principal programa de denuncia contra la violencia física contra las mujeres también es de educación sexual.
"¿Es que la vieja reumática que “adivina” en su bola de cristal a los golpeadores también observa vigilante a los violadores, adúlteros -en fin todo lo que sucede en Bocana de Paiwas- también es educadora sexual?", le pregunto a Jamileth.
Suelta una risotada sonora y dice que “ella se mete en todo”.
“Es que es necesario también educar sexualmente a la población, porque muchos llegan borrachos a sus casas y les exigen a sus mujeres tener relaciones sexuales”, indica.
Según ellas su campaña es “cero violencia en la calle, en la casa y en la cama”.
“Jijiji. Buenos días amigas, ¿cómo les amanece? Ayer estaba haciendo un frío bien rico, casi me duermo en la escoba en lo que venía en camino. Estaba con sueño. Y cuéntenme ¿cómo me les fue anoche? ¿Tuvieron un orgasmo real o fingieron?”, dice mientras se carcajea.
"¿Pero, fue con su gusto o a la fuerza?", les termina diciendo en tono regañón.
Y de ahí empieza a darles consejos a las mujeres-y a los hombres-sobre aspectos de sexualidad.
La salud y la educación sexual-en particular-están presentes en toda la programación de la emisora que empieza a transmitir a las cinco de la mañana y finaliza a las cinco de la tarde.
José “Chepe” García es fanático de la radio. Un seguidor de las transmisiones deportivas.
Viajo con él hacia Bocana de Paiwas en el mismo bus. Es un viaje lleno de movimientos similares a un temblor. Decir que el camino es pésimo es un halago.
En este caluroso día, el hombre moreno, de rostro rudo y de dientes plateados que es mi acompañante, se empina ávidamente una botella de ron, toma y luego escupe un poco como si se tratase de un enjuague bucal.
"Me encanta la bruja mensajera porque jode a los golpeadores" -me confiesa.
Está regresando de un viaje por uno de los pueblos mineros de Nicaragua y extraña ir al pequeño estadio a ver los juegos de béisbol.
Conoce tanto de este deporte, como de música ranchera.
Se sabe de memoria los últimos éxitos de los cantantes de moda que suenan en el viejo bus mientras viajamos.
A veces, hasta se atreve a entonar con su voz aguardentosa el coro de algunas canciones.
Para llegarle a e estos hombres es que las mujeres han ideado una de sus mejores estrategias: transmitir los juegos.
“Ahí va la crema y nata del machismo”, cuenta Jamileth.
Y ellas con un pequeño equipo que adaptan llevan el partido hasta la cabina de la radio.
Aún con ruidos sale la transmisión y todo el pueblo las escucha.
“Se hace la transmisión con los narradores deportivos, pero entre inning e inning el control es de nosotras y aprovechamos para hacer propaganda contra la violencia, a favor del aborto”, comenta doña Celia Contreras.
Para Darling Antonio Sosa, el único hombre que trabaja en la Radio Palabra de Mujer, es importante educar a los jóvenes en todos los temas que les interesan.
Dirige junto a varias mujeres el programa “Mentes Desnudas”, dirigido a la juventud, en el que insisten en la educación sexual.
Por carecer de teléfonos, los jóvenes llevan hasta la emisora sus cartas para plantear sus preguntas sobre masturbación, métodos anticonceptivos, menstruación, tamaño del pene, entre otras.
“Todos estos mensajes los escuchan en todo el pueblo. Para algunos antes hablar de sexo era malo, pero esto es educativo”, dice.
Pero Paiwas es un municipio eminentemente campesino.
La iglesia católica y las iglesias evangélicas, tienen mucha presencia y ejercen muchas presiones dentro de su población.
Y hasta han llegado a decir, en sus cultos e iglesias, que es “pecado escuchar la radio”.
Según Jamileth, las iglesias se hacen “enemigos” de las causas progresistas siempre. “Usamos un lenguaje sin tapujos y eso les incomoda a ellos”, indica.
Pero desde su oficina, el pastor de la Asamblea de Dios, José Uriel Gámez, reconoce que la radio es “un buen medio de comunicación”.
“Pero para mí que a veces son muy vulgares con sus comentarios y podrían ser menos soeces con sus comentarios. Han llegado a decir a las mujeres que agarren un espejo y observen sus partes íntimas”, dice escandalizado.
Sin embargo, acepta que él escucha varios programas de la emisora y se ha acercado a buscar el apoyo de las mujeres porque llegan a un buen número de personas, entre ellos sus feligreses.
Quien dice ni siquiera escuchar la radio nunca es el sacerdote católico, Fernando Zamora, quien acaba de llegar al pueblo a celebrar la misa de miércoles de ceniza.
Llega a la pequeña capilla una vez al mes, así que tengo suerte de poder encontrarlo.
"Muchos devotos dicen que esas mujeres denigran a los demás" -dice en tono despectivo.
Además señala que tienen una imagen de “anticlericales”.
“No sé hasta qué punto ayudan o dañan con sus métodos violentos de calumniar y difamar a la iglesia”, dice presuroso antes de iniciar su homilía.
Pero niega que él hable de ellas en sus misas. Porque no les da “importancia”, me da entender con un gesto de manos.
Muchos pobladores, sin embargo, aseguran que desde el púlpito las crítica y fuertemente.
Y, sin ninguna duda, el tema que más roces ha causado con la Iglesia y más polémica crea entre los oyentes de la Radio Palabra de Mujer es el aborto.
Desde la emisora están a favor del aborto terapéutico. Pero van más allá y dicen que también están a favor de cualquier tipo de aborto.
“Nada ganamos con negar que exista el aborto, cuando diariamente nos damos cuenta que muchas mujeres de forma clandestina se lo practican”, dice Jamileth.
Asimismo, asegura que la penalización del aborto terapéutico es un crimen contra las mujeres pero "más en estos pueblos donde el acceso a la salud es más limitado".
Y es que realizar abortos sin condiciones de salud garantizadas, conlleva un mayor peligro de daño de salud permanente en la salud de las mujeres.
Pero en la radio están conscientes que con la prohibición expresa del aborto en el país, y con un campesinado con poca educación sexual, no se puede aspirar a avanzar mucho en ese sentido.
Por lo tanto, por ahora, se han concentrado en promover el uso de anticonceptivos desde la emisora.
Y han tenido un buen impacto.
Según datos del Centro de Salud de Paiwas, en el 2009, se repartieron 13,031 preservativos.
Es una cantidad “alta” para una población “tan machista”, explica la doctora Ana Rivera.
“Definitivamente desde que empezó a funcionar la radio, se ha venido incidiendo en la educación sexual y se han convertido en un gran soporte para nosotros”, dice.
Incluso les sirve para mandar a “llamar” a las campesinas embarazadas que viven en comunidades alejadas para que se realicen sus controles médicos.
Y es que la Radio Palabra de Mujer trabaja de cerca con ellos, explica el doctor Aldo Pérez, director del Centro de Salud.
“Tenemos un convenio para utilizar su camioneta cuando la ambulancia no da abasto, nos apoyan en las capacitaciones y promoviendo campañas de salud desde la radio”, menciona.
Las condiciones son difíciles y los recursos pocos. Hay solamente diez médicos y 14 enfermeros.
Hay 3,502 pacientes por cada médico, una cantidad que sobrepasa las capacidades humanas.
En las calles de Bocana de Paiwas, un día cualquiera, es común toparse con grupos de muchachos, todavía en uniforme de colegio, jugando en las calles; mujeres y hombres que se cuentan la vida en las esquinas; y gente que sale a sentarse en las aceras de sus casas.
En una esquina me encuentro a Jorlin Cisneros y a Zayra Macís secreteándose cariñosamente.
Dicen de inmediato que no son novios y se ponen tímidos cuando les pregunto si han escuchado “Mentes desnudas”.
"Yo sé de educación sexual por la escuela y por algunas capacitaciones" -me dice ella.
Según Camilo Lira, director del centro educativo de primaria, la mayoría de los alumnos de la escuela reciben capacitaciones sobre salud sexual que brindan con el apoyo de la emisora.
Y tanto Jorlin como Zayra dicen que cuando vayan a tener su primera vez van a buscar información.
Pero por ahora se conforman con escuchar las historias de otros en la radio.
Son las cuatro de la mañana, voy viajando sentado en la tina de una camioneta. Único medio de transporte de Bocana de Paiwas hacia la ciudad a esta hora.
Voy sentado viendo hacia atrás y me parece que voy rebobinando todo lo visto, escuchado y sentido en este pueblo en medio de la selva de Nicaragua. Pronto-en varias horas-llegaré de nuevo a Managua.
“Cada vez se hace más crudo ser mujer en mí país/Ser la dueña de mi cuerpo, de mi falda y de mi voz/Cada vez que de tu puño sale sexo con dolor/Se me abren las heridas que dejas en mi vientre/Y me quedo retenida en ese miedo de morir/ Cada vez que me acaricias sin saber cuál es mi edad/O me obligas con tu furia a ser mujer que aún no soy...”
Así empieza la canción "Hasta el fin de la alegría" del cantautor Ramón Mejía (Perrozompopo) que escucho en esta noche de marzo.
Viene a mi mente la imagen de Monserrat y me siento a la computadora para empezar a escribir estas líneas.
Este reportaje fue posible gracias a una beca del Fondo de Apoyo al Periodismo Cívico, del Programa Vida en Democracia.
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