Con su primer disco Ramón Mejía, Perrozompopo, llegó a alcanzar unos niveles de popularidad entre la juventud que hasta entonces parecía rehuirle a la música local. Cinco años más tarde, las bandas nacionales dominan el panorama, pero después de un segundo disco menos exitoso y un año residiendo fuera del país, Perrozompopo ya no es el ticket más caliente de la escena musical pinolera. Para este viernes, sin embargo, esta prevista la presentación de su tercer álbum: Canciones Populares Contestatarias (CPC). ¿Logrará este llevarlo de regreso al primer lugar?
Yo digo que fueron las canciones de amor, él cree que fue el paquete completo.
“Todas las canciones de ese disco sonaron en la radio. Todas, todas, todas. Desde la más lenta hasta la más rápida”, me dice Ramón Mejía, Perrozompopo.
“Las de amor que más funcionaron fueron "Entre Remolinos" y "Cuando tardas y demoras", pero vos tocás "Nos quieren dejar sin pinol" y la gente se trastorna, tocás "Fantasma camaleón" y la gente se trastorna...”.
“No deja de ser raro, porque son canciones diferentes”, comenta.

Estamos en la Casa del Café para hablar de su nuevo álbum, que será lanzado oficialmente este viernes 5 de enero con un concierto gratuito en el campo de fútbol de la UAM.
Pero antes de hablar del CPC —el nuevo material está agrupado bajo el título de Canciones Populares Contestatarias— es inevitable conversar un poco sobre el pasado.
Y es que gracias a las canciones de su primer disco ("Romper el silencio"), en su momento Perrozompopo llegó a alcanzar unos niveles de popularidad entre la juventud hasta entonces pocas veces vistos entre los músicos locales.
Tan recientemente como en el 2006, el escuchar a cientos de personas corear canciones enteras durante un concierto, o el ser recibido por los gritos histéricos de un montón de jovencitas, eran experiencias por lo general reservadas a los ídolos juveniles internacionales de paso por Nicaragua —o los cantantes o bandas que los imitaban.
El típico cantautor —una categoría que Perrozompopo todavía reivindica para él mismo— por lo general se presentaba en bares o universidades, frente a audiencias que pocas veces llegaban a superar el centenar de personas, y que difícilmente merecerían el calificativo de fanáticos.
Pero el 16 de diciembre del 2006, cuando Perrozompopo presentó oficialmente Romper el silencio, lo hizo frente a una audiencia estimada en 2,500 personas.
Y cuando entonó eso de "Y nos quedamos ahí / como bordando el dolor / como sacando del mar / el rostro para llorar / y nos quedamos ahí / con la certeza de estar / enrededados entre remolinos y su amor", el casino Pharao's casi se vino abajo.
Desde entonces a la fecha, el panorama musical nicaragüense ha continuado cambiando en favor de la música original producida por artistas locales.
Gracias a Internet, radios como RockFM y Radio Futura (en su primera época), la apuesta de Telefónica-Movistar, y un circuito de bares que no duda en dar espacio a los roqueros locales para que presenten su propio material, una buena parte de los jóvenes nicaragüenses prefiere escuchar canciones “Made in Nicaragua”.
“En Centroamérica, Nicaragua es uno de los pocos países, talvez el único, que hace su propia música. En Nicaragua tocás covers y la gente te mata. En Guatemala y Costa Rica necesitás tocar covers para que se te abran las puertas”, reconoce el mismo Perrozompopo.
Así, bandas y músicos como Milly Majuc, Monroy & Surmenage, Q69K, Malos Hábitos, Divisón Urbana, Clara Grün, la Baca Loca y muchos otros tienen una pequeña legión de seguidores.
Pero en ese contexto, después de un segundo disco mucho menos exitoso y, sobre todo, de un año residiendo en el extranjero, Perrozompopo ya no es el ticket más caliente de la escena musical pinolera.
Ramón, sin embargo, parece dispuesto a regresar por sus fueros.
A finales del año pasado fue el rostro (y la voz) de una campaña de la empresa telefónica Claro y la canción que compuso para la ocasión sigue sonando en la radio.
“Pero no como un jingle de Claro, sino como una rola de Perrozompopo”, comenta.
Y el músico se apresta a presentar su nuevo material: un nuevo disco que afirma recoge los beneficios de varios años de trabajo, tiempo en el que también fue madurando mejor el concepto detrás de Perrozompopo.
Pero ¿qué significa eso?
El nombre del álbum —"Canciones Populares Contestatarias", que juega con las siglas de los famosos Consejos del Poder Ciudadano, CPC— parece conscientemente provocador.
Pero cuando Ramón me dice con una sonrisa maliciosa que una de las canciones de amor del disco está precisamente dedicada a la ideóloga de los CPC, Rosario Murillo, no sé qué debería esperar.
La evolución musical de Ramón Mejía, hasta llegar al personaje de Perrozompopo, inevitablemente estuvo marcada por su pertenencia al clan de los Mejía-Godoy, aunque esto no siempre ha hecho las cosas más fáciles.
Sobrino de Carlos y Luis Enrique, hermano paterno del otro Luis Enrique —el salsero que acaba de ganar un premio Grammy—, Ramón afirma llevar el apellido más como una responsabilidad que como una llave para abrir puertas.
“Siempre tuvimos el circo dentro de la casa”, cuenta, aunque en su caso la apuesta por la música como medio de vida se dio relativamente tarde.
“A principios de los noventa [después de regresar del Servicio Militar y terminar la secundaria] no encontraba un camino, un rumbo. No tenía claro lo que quería estudiar. Entonces me metí a trabajar en televisión [como asistente de cámara y sonidista]. Me metí a estudiar sociología. Me metí a estudiar arquitectura, por el tema de dibujo. Y un día dije: la verdad es que no quiero estudiar arquitectura, quiero estudiar música”.
Fue hasta 1995, sin embargo, que consiguió una beca para hacerlo en Brasil, si bien la experiencia resultó decepcionante.
A su regreso a Nicaragua, un año después, empezó a escribir sus primeras canciones y a presentarlas en público “tocando en bares, con mi guitarra, con algo de percusión, como cantautor...”.
“Al principio tocaba sólo con mi primo Augusto. Y después al suave íbamos metiendo gente, otra guitarra”, recuerda.
“Luego, con el tiempo, formamos un grupo que se llamaba Volcanto Joven, donde nos reunimos y nos conocimos varios cantautores de mi generación, para dedicarnos a cantar en diferentes universidades”.
Volcanto Joven agrupaba a nombres como Osiris Rodríguez, Elsa Basil, Xiora Martínez, Richard Loza, Edgard Morín, Luis Pastor González.
“Trova pura”, reconoce Mejía. “Presentaciones en barcitos, en universidades. Cincuenta, sesenta personas por presentación, a veces menos. Estábamos empezando”.
Si Ramón Mejía nació el 21 de diciembre de 1971, Perrozompopo lo hizo en algún momento del año 2000, un poco gracias a la insistencia del director de radio Rock FM, Miguel Halvey.
“Él me dijo: mirá, Ramón, yo creo que es el momento que dejés tu guitarrita, que dejés el tema cantautor y te dediqués a armarte tu banda, porque tus rolas dan para más”, cuenta.
“Entonces me quedé pensándolo y comencé a trabajar el concepto, a pensar en cómo hacer ese personaje, qué tipo de sonidos eran los que yo quería —sin perder la onda de la trova, porque yo soy trovador y me gusta eso y sigo escribiendo eso—”, explica.

La apuesta sería por “una nicaraguanidad distinta, más urbana, más contemporánea... Una que tuviera el bagaje que yo como joven había vivido, y que incluía la revolución, el Servicio Militar, el exilio. Pero que también permitiera una identificación con los jóvenes a pesar de las distancias generacionales y de vivencias entre nosotros”.
Al final, el resultado fue algo que el propio Ramón define como una “fritanga musical”. Y ya para el 2002, al regreso de una gira por España, Perrozompopo ya tenía cierto público que lo seguía, y una línea definida que también incluía canciones políticas, canciones que hablaban sobre la realidad nacional.
“El reto, en esos casos, es encontrar un lenguaje que permita que la denuncia sea aceptada por el público, que permita hacer una conexión con la gente. Encontrar las palabras adecuadas para que la gente diga: de aquí me agarro, para que se identifiquen”, afirma Ramón.
Y, por lo que cuenta, el nuevo disco apunta principalmente en ese sentido.
¿Es acaso CPC, como sugiere la elección del nombre, un disco eminentemente político?, le pregunto.
“No sé si es un disco político. Lo que es cierto es que es un disco más para nosotros, para los nicaragüenses, para mi generación. No tiene colores partidarios, no ataca a nadie. Si hay alguna denuncia es que los nicas no nos queremos hacer cargo de nuestro país”, responde.
Pero ¿será ese el camino que lo lleve de regreso a la cumbre? Es difícil saberlo. En cualquier caso, Ramón cree que el disco recoge el sentimiento de la mayoría de los nicaragüenses.
Y en otra parte de la conversación afirma que, “cuando se trata de valores, uno no puede pensar si gusta o no gusta. Uno tiene que emitir su opinión y su posición”.
“Si eso hace clic en tu cabeza, está bien. Si no, bueno. Por lo menos yo hice lo que tenía a mi alcance: escribir una canción para que sepás cómo me siento sobre el tema”, dice.
Estas reflexiones se refieren, sin embargo, a su segundo disco, Quiero que sepás.
Que no fue precisamente su éxito más grande.
“El segundo disco fue uno que hice con toda la intención de fortalecer la idea del cambio desde los hombres con relación a la violencia entre los géneros. Eso era lo que quería hacer, eso fue lo que hice. Nunca me puse a pensar si iba a funcionar o no iba a funcionar”, confiesa.
Pero el resultado no le gustó a la gente, reconoce.
“Les pareció un disco muy oscuro, que estaba cargado de muchos sentimientos dolorosos. Pero yo necesitaba hacerlo”, afirma.
Otra explicación posible, sin embargo, tiene que ver con su partida a Italia, en enero del 2008, para permitirle a su compañera desde hace ocho años, Cecilia, dar a luz a su hija en su país natal.
“Nos fuimos porque estábamos viviendo un momento familiar muy particular. Queríamos tener a Olivia en Italia, en otras condiciones. Mi compañera necesitaba estar cerca de su madre en un momento en que su familia retomó cierta importancia”, explica.
“Yo acababa de sacar un disco y sabía que iba a ser contraproducente. No había mucho patrocinio, no pudimos hacer muchos conciertos. Pero como igual no estaba viviendo de mi carrera, y sabía que igual iba a seguir haciendo canciones, corrí el riesgo”, cuenta.
Canciones Populares Contestatarias no corre el mismo riesgo. Gracias al apoyo de la Cooperación Española, las tres mil copias del nuevo CD serán distribuidas de forma gratuita en Nicaragua y Costa Rica.

Y además de dos conciertos masivos en Managua y San José, Perrozompopo también tiene previsto realizar conciertos en todos los centros culturales de España en Centroamérica, México y Miami.
Las canciones también se pueden descargar sin costo de la página web perrozompopo.com. “Porque sabemos que muchos jóvenes no tienen los 10, 12, 15 dólares que puede costar un CD”.
Y Ramón afirma además que se parece más a su primer disco que al segundo. Pero ¿puede acaso uno esperar encontrar en un disco titulado Canciones Populares Contestatarias un nuevo Entre remolinos?
Perrozompopo se ríe y responde: “Hay un par de canciones de amor que yo creo que son lindas”.
"Canciones Populares Contestatarias" será presentado oficialmente con un concierto gratuito este viernes 5 de febrero en el campo de fútbol de la Universidad Americana, UAM, a partir de las 7:00 p.m. Acompañarán a Perrozompopo La Cuneta Son Machín y Revuelta Sonora.
Podés descargarlo gratis en perrozompopo.com
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