Lo mejor que se puede decir del tímido acuerdo alcanzado en la XV Conferencia de la Convención de las Naciones sobre Cambio Climático es que "peor es nada". Venezuela, Cuba, Bolivia, Sudán y Nicaragua lo rechazan por insuficiente.
No fue sino hasta eso de las seis de la mañana del sábado 19 de diciembre que los delegados a la cumbre del clima de Copenhague encontraron una fórmula para poder adoptar oficialmente
el decepcionante texto de acuerdo negociado hasta último minuto por un grupo de 28 países, liderados por China, Sudáfrica, India, Brasil y los Estados Unidos.
La oposición de Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua, así como de Sudán -a pesar que este último país participó en la elaboración del texto- sería reconocida el el texto, pero aun así la Convención "tomaría nota" del un acuerdo que muchos no han dudado en denunciar como un fracaso, aunque las Naciones Unidas y los líderes del mundo desarrollado insistan en calificarlo de "importante primer paso".
(Podés sacar tus propias conclusioes leyendo el resumen de sus principales puntos
haciendo click aquí).
"Deberemos transformar esto en un tratado legalmente vinculante el año que viene. La importancia del texto sólo será reconocida cuando se convierta en una ley internacional", declaró el Secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Y es que su naturaleza no vinculante; la falta de compromisos específicos en materia de reducción de gases de efecto invernadero, para el financiamiento de los esfuerzos de adaptación de los países en desarrollo, y para la adopción de tecnologías más limpias; e incluso la carencia de plazos y claros lineamientos para seguir adelante con las negociaciones, hacen del acuerdo de Copenhague poco más que una declaratoria de buenas intenciones que la mayoría de los países más pobres sólo aceptaron a regañadientes.
Y, en el caso de Venezuela, Cuba, Bolivia, Sudán y Nicaragua, ni siquiera eso.
En el plenario, la representante venezolana aseguró que no estaban dispuestos a "vender su voto por 30 mil millones de dólares", el dinero que, según el acuerdo, se destinará a los países pobres durante los próximos tres años para luchar contra el cambio climático.
Además de considerarlo insuficiente, el "bloque bolivariano" también formuló críticas a la forma poco democrática en la que se había negociado el acuerdo, que responde mejor a las realidades políticas de países como los Estados Unidos, China y la India, que a las del conjunto del planeta.
Sin embargo, la posición "de principios" de Venezuela y sus aliados tampoco constituye una alternativa realista para la solución de un problema que, tal y como señalaron 56 periódicos de todo el mundo en un editorial conjunto publicado el día del inicio de la cumbre, requiere que los países del mundo dejen de culparse mutuamente.
Mientras, puestos a buscar positivos, del acuerdo se puede destacar el claro reconocimiento de la evidencia científica que afirma que se deben hacer esfuerzos para evitar un aumento de más de dos grados centígrados de la temperatura global (importante luego de
la polémica suscitada a raíz de la filtración de unos e-mails que algunos interpretaron como evidencia de manipulación de la ciencia).
También mantiene vivo el Protocolo de Kioto, cuyo futuro fue puesto varias veces en duda a lo largo de la cumbre.
Y, si bien no se especifican las fuentes para su financiamiento, el acuerdo aspira a garantizar US$10 billones al año en financiamiento de iniciativas de adpatación por parte de los países pobres desde el 2010 hasta el 2012, y luego hasta US$100 billones anuales para el 2020.
Dado que la Convención "tomó nota" del acuerdo, los parlamentos de los diferentes países pueden proceder a aprobarlo, aunque no queda claro cuantos terminarán haciéndolo y en cuanto tiempo.
En principio, la aprobación local compromete a los signatarios a adoptar medidas para cumplir sus objetivos, pero al no tratarse de un acuerdo legalmente vinculante, no hay forma de castigar a quienes no asuman sus compromisos.
Aunque como señaló el presidente norteamericano, Barack Obama, en un discurso rico en retórica, pero escaso en compromisos puntuales, el último día de la cumbre, el Protocolo de Kioto era legalmente vinculante y eso no evitó que la mayoría de sus signatarios incumpliera sus metas.
Obama reconoció también que el "progreso" alcanzado en Copenhague no era suficiente.
La pregunta, sin embargo, es si él y el resto de los líderes del mundo, serán capaces de conseguir lo que hace falta, antes que sea demasiado tarde.
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