Puede que los últimos letreros del Gobierno anuncien una Nicaragua más cristiana, pero las estadísticas sugieren lo contrario: según el último censo, el número de nicaragüenses que no profesan ninguna religión prácticamente se duplicó durante la última década.
Y en la semana de la Purísma, y el mes de la Natividad, no se nos ocurrió nada mejor que aprender más sobre ese grupo que, silenciosamente, cada vez es más numeroso en el país: aquellos que no profesan ninguna religión.

Gloria Ruiz tiene 19 años y ningún problema en declararse "no religiosa".
¿Y por qué no atea?, le pregunto. "Es que siento que los ateos son como un grupo determinado... se identifican por un rechazo y yo no lo rechazo (lo religioso); simplemente me es indiferente", explica.
Glow, como la conocen sus amigos, reconoce que todos, tarde o temprano, nos hacemos preguntas "metafísicas", como ¿de dónde venimos?, ¿por qué estamos aquí?
Pero, en su caso, las respuestas a estas preguntas las busca en la razón.
"Hay algo que puso a andar el universo en algún momento, pero no necesariamente es un Dios, y no necesariamente está consciente de los seres humanos. De hecho no creo que tenga conciencia, es simplemente energía", afirma.
"Y eso de atribuírselo todo a un ser supremo me parece una salida demasiado fácil", dice esta estudiante de tercer año de diseño gráfico, quien forma parte de grupo cada vez más numeroso en el país:
Aquellos que no profesan ninguna religión.
Efectivamente, durante el último censo realizado en Nicaragua, más de 700 mil nicaragüenses (711 mil 310 para ser exactos, equivalentes al 16 por ciento de la población) no declararon ninguna filiación religiosa.
Y si bien no se puede afirmar que todos ellos sean ateos o agnósticos, en un país declaradamente religioso resulta difícil imaginarse razones para ocultar voluntariamente la propia fe.
Si acaso, hay incentivos para lo contrario: para ocultar el propio ateísmo o confesarse cristiano incluso no siéndolo; o siéndolo sólo de nombre, más por tradición que por convicción.
Pero para el año 2005, un 58 por ciento de la población todavía se asumía católica, un 22 por ciento decía pertenecer a alguna de las denominadas iglesias evangélicas, un 2% a la iglesia morava, y un 1% a la de los Testigos de Jehová.
Para esa fecha también había en el país un pequeño número de musulmanes (321) y un número menos de practicantes de judaísmo (199), mientras que un 2% de la población caía dentro de la categoría de "otras religiones".
Y, en medio de esa pequeña diversidad, dos de cada veinte nicaragüenses decían no tener ninguna religión.
Esta secularización sugiere una transformación de la matriz religiosa que, en el fondo, tal vez sea mucho más significativa que el aumento del número de "evangélicos" y la reducción de fieles católicos, que diez años antes conformaban el 73 por ciento de la población.
"Y seguramente (los ateos) somos todavía más" afirma Ricardo Cuadra García, quien a sus 45 años no sólo se declara abiertamente ateo, sino que escribe constantemente sobre el tema en las páginas de opinión de El Nuevo Diario, uno de los principales cotidianos a nivel nacional.

Para Cuadra, quien ocupa el término ateo para describir a todos aquellos que no creen en la existencia de una "divinidad revelada", y no sólo a quienes niegan activamente la existencia de un Dios, en Nicaragua aún hay muchos no-creyentes que se mantienen "dentro del closet".
Y si él reconoce abiertamente sobre su falta de fe en END, si ha publicado más de cien artículos sobre el ateísmo hasta la fecha, es en parte para educar a las nuevas generaciones, pero también para motivar al resto de no creyentes a asumirse abiertamente.
"Alguien tiene que dar el primer paso", explica Cuadra, quien está claro de que como político "no llegaría ni a primera" por su declarada falta de fe.
"Pero no soy político y la verdad hay que decirla aunque duela", sostiene este empresario de las artes gráficas, que ha tenido uno que otro encontronazo con algunos miembros de su familia, y su dosis de críticas y regaños por parte de algunos lectores ofendidos por su atrevimiento.
El temor a la discriminación o la posibilidad de ser estigmatizados por una sociedad en la que mucha gente todavía asume que los valores éticos y morales son monopolio de la religión podría explicar la reticencia de muchos no creyentes a reconocerse públicamente como tales.
Y la importancia de los rituales religiosos dentro de la vida familiar, pero también para los negocios ―expresada en bendiciones de locales, misas de acción de gracias― y la misma gestión de gobierno, seguramente también pesa.
Un ejemplo es el caso de "María", una lectora de La Brújula que accedió a ser entrevistada para este reportaje, pero que luego pidió no ser identificada por su nombre para evitarse posibles problemas en el trabajo.
"Laboro en una institución cristiana, en la cual tengo que trabajar con 'principios cristianos', aunque no es obligatorio que profese la misma creencia que ellos, siempre y cuando no me moleste y los respete", nos explicó por e-mail esta joven, que se define como agnóstica.
"Pero manejo mucha relación con empresarios cristianos e inversionistas cristianos y no quiero tener conflictos con nadie", solicitó.
Y es que si bien la Constitución nicaragüense prohíbe explícitamente cualquier discriminación basada en religión, está claro que el pertenecer a la misma comunidad abre puertas. Y viceversa.
Un buen ejemplo es el carácter religioso de buena parte de las instituciones educativas privadas, algunas de las cuales aún incluyen la fe de bautismo entre la documentación que debe acompañar cualquier aplicación.
En esas condiciones, ¿cómo llega alguien a convertirse en ateo, en un país como Nicaragua?
Ricardo Cuadra, quien proviene de una familia fuertemente católica (hasta el punto que se abstuvo de escribir sobre su ateísmo mientras vivían dos tías cercanas que habían tomado el hábito de monjas), cuenta que mucha gente asume que su "desconversión" tiene que haber sido necesariamente producto de alguna mala experiencia con la Iglesia.
Pero, en realidad, lo que él llama su "camino a Damasco inverso", empezó en la adolescencia, cuando ya no pudo seguir conciliando su capacidad crítica y el pensamiento científico con los dogmas religiosos y el concepto de fe.

"La mayor parte de los ateos son lectores", sostiene Cuadra, quien ha estudiado a fondo la Biblia, las diferentes religiones, y filosofía y neurociencia por igual, lo que le permite sustentar su postura en abundante información.
Gloria Ruiz, por su parte, estudió hasta los diez años en un colegio de monjas y fue también su actitud curiosa la que la llevó a empezar a cuestionar la religión.
"Hacía preguntas y casi nunca obtenía respuestas que me satisficieran. Sentía que las respuestas estaban muy predeterminadas", explica.
Las interpretaciones literales de la Biblia, privilegiadas por sus compañeros y profesoras, también le resultaban difíciles de aceptar.
Y su familia no era particularmente religiosa, lo que le permitió formarse sus propias conclusiones.
"Creo que les daría lo mismo que yo fuera religiosa o no religiosa", se ríe Glow.
El caso de "María" es un poco diferente.
"Desde que tengo memoria, mi mamá mantuvo una búsqueda incesante por la espiritualidad. Y como la más pequeña de mis hermanos, la acompañé por todos lados y 'rodé' por la Iglesia católica, morava, bautista y evangélica (esta última es la que profesa mi mama desde hace unos 10 años); también por la corriente metafísica, la sanación pránica y el budismo", cuenta.
"Ese ir y venir por tantas religiones me creó cierta aversión a las cosas religiosas. Pude oír las cosas que dicen, familiarizarme con sus propias versiones e interpretaciones de un libro y de personas que francamente son dignas de Don Quijote", explica.
"Y después, en la universidad, empecé a leer sobre otras culturas y religiones y descubrí que cada quien tiene su propia versión de un ser superior, o distintos seres superiores. ¿Y qué pasa con ellos? ¿No son hijos de Dios porque no creen en él? Dios, Jesús y los santos, me parecen un hecho más cultural. ¿Qué hubiera pasado si hubiese nacido en una tribu en Papúa?", se pregunta.
"María" también resiente la manipulación y explotación de la que a menudo son víctimas las personas de fe, por parte de pastores inescrupulosos.
"Al final perdí cualquier 'fe' o vinculación con la religión cuando puse un pie en la Iglesia evangélica, al ver cómo trasquilan a las personas con sus ofrendas", cuenta.
Un poco a la imagen de "María", el resto de los entrevistados también comparte cierta visión negativa de la religión o las instituciones religiosas, que también explica su posición.
Glow Ruiz, por ejemplo, considera a la religión católica excluyente, manipuladora y misógina, entre otras lindezas.
"Una cosa que me toca los nervios es la forma en la que promueve la discriminación contra las personas que tienen opciones sexuales que no son heteronormativas. Otra, el rol sumiso que le ha asignado a la mujer".
Ricardo Cuadra, por su parte, destaca el legado sangriento de las religiones.
"No debemos olvidar que el cristianismo se expandió por la espada", afirma.
"Y las religiones son por definición militantes: cuando hay guerras se nutren, cuando hay paz no están en paz consigo mismas", dice, poniendo como ejemplo del peligro inherente en las religiones los ataques del 11 de Septiembre.
Ambos consideran además a las religiones enemigas del pensamiento crítico, y aliadas de la corrupción y el autoritarismo.
Así, para Cuadra no es coincidencia que la mayoría de los países desarrollados sean eminentemente laicos y tengan un mayor porcentaje de población no creyente que los países en vías de desarrollo.
Ni que, según un sondeo de la revista Nature, el 93% de los miembros de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos dudan de la existencia de un Dios como el de la tradición judeo-cristiana.
"Como dijo Carl Sagan, 'el primer pecado de la humanidad es la fe, y su primera virtud la duda'. La duda es el motor de la ciencia", sostiene Cuadra.
Aunque, como reconoce Gloria Ruiz, esto no significa que no se pueda ser científico y creyente al mismo tiempo, ni ser a la vez cristiano y tener capacidad crítica.
"Pero por lo general, cuando te educan religiosamente, no te crían con pensamiento crítico, sino que te educan en una doctrina", afirma Glow.
Si bien en la actualidad un número creciente de científicos cristianos ha intentando reconciliar ciencia y fe, a través de corrientes como la del "diseño inteligente" (considerada sin embargo pseudo-ciencia por la mayor parte de la comunidad científica), es en el terreno de los valores donde los creyentes tienden a sentirse superiores a los "infieles".
Muchos cristianos, por ejemplo, reivindican como propios los valores de compasión, solidaridad y amor a los demás, y no falta quienes asumen una posición de superioridad moral con relación a los otros.
"Pero creer que una persona no religiosa es necesariamente inmoral sería como creer que todos los creyentes son personas morales, cuando sabemos que no es así", se queja Gloria Ruiz, a quien también le incomoda la idea de hacer el bien por miedo al castigo o en la esperanza de una recompensa divina.
"En mi caso mis valores vienen de mi familia, de mi filosofía de vida y de mis experiencias. Y me los sostengo yo misma cada día: buscar la felicidad (no el dinero), amar las cosas que uno hace, ser responsable y puntual, honesto, franco, diligente, etc. Esos valores no los relaciono con ninguna religión", dice por su parte "María".
Mientras, Ricardo Cuadra considera que la ética y la moral son normas humanistas más que teológicas y, por lo tanto, no son monopolio de ninguna religión.
Cuadra apuesta más bien por la idea de un "humanismo secular" que, sostiene, ha ido ganando adeptos en todo el mundo luego de los atentados del 11 de Septiembre.
Pero, si esto es cierto, ¿no está perdiendo algo el mundo como resultado de la pérdida de fe?
"No creo", concluye Gloria Ruiz. "La fe sirve, en ella se puede encontrar consuelo y fortaleza, una respuesta fácil a las grandes preguntas metafísicas. Pero viene a un precio demasiado grande".
El Artículo 14 de la Constitución Política de Nicaragua establece que el estado no tiene religión oficial. En otras palabras Nicaragua es un estado laico y la gestión de gobierno no debe favorecer una confesión religiosa por encima de otra. Mientras, en el artículo 27 se estipula que nadie puede ser discriminado por su religión, y en el 29 se afirma que "toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento y de profesar o no una religión. Nadie puede ser objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar estos derechos ni a ser obligado a declarar su credo, ideología o creencia."
El artículo 124, por su parte, establece que la educación en Nicaragua es laica, si bien el Estado reconoce el derecho de los centros privados dedicados a la enseñanza y que sean de orientación religiosa, a impartir religión como materia extracurricular. Y el artículo 134 especifica que no pueden ser candidatos a presidente o vicepresidente de la república, ni a diputados por la Asamblea Nacional los ministros de cualquier culto religioso, "salvo que hubieren renunciado a su ejercicio al menos doce meses antes de la elección".
En el preámbulo del texto constitucional, sin embargo, se afirma que esta se promulga (entre otros) en nombre "de los cristianos que desde su fe en Dios se han comprometido e insertado en la lucha por la liberación de los oprimidos". Y, en la práctica, la gestión de gobierno pocas veces ha podido mantener la laicidad que manda la Constitución.