Uno pasa por carretera a Masaya y las luces de los casino a ambos lados de la vía hacen que los mismos no pasen desapercibidos. ¿Cómo es la vida ahí adentro? ¿Por qué llega la gente a jugar? ¿Cómo es jugar en una maquinita tragamonedas? en esta crónica te intentamos contestar estas interrogantes
Aunque el recorrido lo he iniciado pasadas las nueve de la noche, es hasta las once que estos sitios parecen cobrar vida. Los casinos ubicados en Carretera a Masaya antes de esta hora lucen casi desiertos.
Cuando uno se asoma sólo se vislumbran unas cuantas personas sentadas frente a las maquinitas tragamonedas, cuyo tintineo se mezcla con un merengue pegajoso que sale de los altavoces ubicados por todo el local.
Entre el humo, la música y el tintineo no me percato del momento en que un muchacho de voz grave se acerca a mi oído para ofrecerme, cortesía de Flor de Caña, un trago azul, el primero de 18 que me serán ofrecidos en toda la noche, durante el recorrido.
¿Cuál es el encanto de los casinos y la magia que ejercen sobre estas decenas de personas, que cada noche, no importa si es fin de semana, quincena o feriado, se citan sin hablarse? Estoy por descubrirlo.

Después de consultar a una edecán sobre cómo comprar fichas, la joven se da cuenta de que es mi primera vez en estos sitios. Me manda entonces a las máquinas antiguas, en las que puedo pasar un rato, “agarrándole feeling” al arte de halar palancas y contar tréboles.
Me siento frente a esta máquina antigua y le consulto a mi vecina qué debo hacer. Luego de indicarme la ranura para introducir la moneda, me explica amablemente que se gana cuando sale un 777, si me sale tendré un premio de 100 cordóbas; por tres DOUBLE con una rosa se ganan dos mil cordóbas, y si quisiera ampliar mi apuesta e introducir dos cordóbas en lugar de uno, el premio mejora, pues la máquina me entregaría cinco mil cordóbas...
La máquina que "entrega"
Agradezco el curso intensivo para aprender a manejar maquinitas. Mi vecina, que no parece tener más de cuarenta años y lleva un llamativo y ancho cinturón blanco sobre un vestido negro y zapatos blancos, me dice que no es nada, que así empezó ella.
“Hace cuánto, es una pregunta no tan complicada. Con decirte que desde que vengo aquí he conocido como 12 edecanes que se han ido a otros casinos o cambiaron de trabajo; eso es mucho tiempo, como tres años”, expresa cuando le pregunto desde cuándo viene a este lugar.
Al consultarle su nombre me dice que se llama Maura, pero que no me dará el apellido porque aquí se conocen por nombres propios nada más.
“Aquí viene de todo tipo de gente, hay gente que es conocida, hay otros que no; pero a nadie le gusta decir nada, somos compañeros de juego que venimos a probar suerte y ver qué nos entrega la máquina”.
Es la segunda vez en la noche que me dice esa palabra. “Entrega”. Entregar. Como si la máquina tuviese vida propia y me fuese a dar algo sin que le dé nada a cambio.
Después de gastar 30 córdobas y que la máquina sólo me haya regresado cinco, me retiro. Aprecio mucho mi dinero y no creo que la máquina me vaya a entregar nada.
La crisis
Quienes consideran que la crisis no ha logrado calar en los jugadores está equivocado. Alfredo y Manuel, dos amigos y compañeros de juego, mencionan que antes estos lugares eran buenos para empezar un bacanal, pero ahora no son tan entretenidos.
“Antes en cuanto te sentabas había alguien ofreciéndote una sopa, un trago, una cerveza, cigarros... entonces aquí uno comenzaba y después de un rato, si no ganabas, te ibas a seguir a un bar. Pero ahora la mayoría de los casinos está optando por un sistema de puntos, a través del cual vas acumulando, y con ese acumulado te entregan efectivo o alguna bebida. Mucha gente trae su Gatorade o agua en el bolso para ir pasándola, para ir por el dinero al final de la noche; pero por cada mil córdobas jugados te dan 10 dólares, eso es mejor que nada”, dice Manuel.
Días de llanto
La diversidad de vestuarios, perfumes y tendencias de moda evidencian claramente que hay muchas personas que creen firmemente que el dinero llegará fácil a sus manos. Pasadas las dos de la mañana las máquinas se ven abarrotadas y ya hay uno que otro deambulando y mirando cómo juegan otros, pues ya acabaron con el dinero que traían y no ganaron nada.
Para una de las edecanes, los mejores jugadores son los asiáticos, pues estos llegan, apuestan y se van cuando han ganado, y se limitan en la cantidad de dinero a arriesgar.
—Hay personas que dan pesar, porque les regalan veinte pesos para que se vayan a su casa y se van a cambiarlos y siguen jugando, y en las mañanas que nos vamos los vemos con los ojos llorosos; pero lo peor es que a la noche siguiente están aquí de nuevo. Juegan mil y se llevan 500. Es como un duelo en el que siempre salen perdiendo —me cuenta.

Tragamonedas por doquier
Pero los casinos de Carretera a Masaya no son los únicos sitios donde la gente llega a arriesgar su dinero —o multiplicar, dirán otros—. La capital está llena de tragamonedas, esas pequeñas máquinas que se engullen las monedas les echan y que pueden encontrarse en cada esquina, en las pulperías de los barrios.
Angélica Esperanza Jiménez no juega cerca de su casa, pero se da sus escapaditas para acudir los fines de semana a jugar maquinita, dice ella, cerca del estadio.
Es viernes y Jiménez no ha ganado nada. La máquina se ha tragado como 300 córdobas y no le ha devuelto nada. El local, una pequeña casa con luces por todos lados, atestada de máquinas de todos los tamaños, está también llena de gente. No hay máquinas disponibles para quienes quieren iniciar un juego.
Esta mujer, dueña de una pulpería y que sobrepasa los cuarenta años, no cede su lugar a pesar de ir perdiendo. Ahora está ida, con su mirada fija en la luz roja que pasa y pasa y no cae donde está su premio.
Cansada de perder, juega 100 córdobas más. Pierde y cede su lugar. Otra persona tratará de exprimir la máquina. Hoy no fue el día de Jiménez.
"Los viernes traigo 500 córdobas; a veces pierdo y a veces gano", dice esta mujer, que tiene una pequeña máquina tragamoneda en la pulpería de su casa, pero que no le gusta porque "no da premios grandes".
La relación de Jiménez con las tragamonedas inició hace cinco años, cuando Managua se llenó más de esas máquinas. Ella no lo considera un vicio y dice que juega por divertirse y por ganar. "Yo hoy perdí, pero otras veces me he llevado hasta 2 mil pesos en ganancias", asegura.
"Lo más que arriesgo son 400 pesos, los otros 100 me quedan para el pasaje. Y si por arriesgar 400 pesos voy a tener la posibilidad de ganar hasta 2 mil, pues yo lo hago", dice muy segura.
En esta misma sala de juego ha estado Ariel José Treminio. Es un hombre tímido de 36 años, con cara de derrotado. Las palabras hay que sacárselas a cucharadas y casi siempre responde con sí y con no.
Treminio dice que ha perdido todo en los juegos de azar. Pero no especifica qué es ese todo. Ahora en lo único que puede jugar, por el costo, es en las máquinas tragamonedas. Ahí deja lo que logra conseguirse como empleado en una empresa distribuidora de alimentos.
—Si ya perdió todo, ¿por qué juega?
—Precisamente porque ya no tengo nada que perder, más que el tiempo.
—¿Qué siente cuando juega?
—El tiempo se me va rápido. Siento que lleno una necesidad.
—¿Qué necesidad?
—Es algo que no puedo explicar. Si no juego me siento desesperado.
La adicción se llama ludopatía
Treminio no lo sabe, pero su adicción por jugar en las tragamonedas se llama ludopatía, un vicio tan peligroso como cualquier otra droga. Dice el doctor Javier Martínez Dearreaza (ver entrevista en páginas 10 y 11) que las personas comienzan jugando poquito y luego se van volviendo adictas.
Jugar les sube la adrenalina, como hacen las drogas con los adictos. Y a juzgar por el número de tragamonedas que hay en el país, sin ningún tipo de control, en unos años, si es que no lo es ya, la ludopatía puede ser un problema muy grave.
En mayo de este año se trabajó una iniciativa de ley en el parlamento —que ahora está engavetada— para regular la actividad de los casinos y las máquinas tragamonedas.
Al final no quedó en anda, pero el diputado Maximino Rodríguez dijo en aquel momento que era necesario aprobar la ley para que los niños no se siguieran haciendo adictos a los juegos de azar.
Casinos inmunes a las crisis
Y los casinos son inmunes también a las crisis económicas y políticas, pues en estas épocas la gente juega más, según declaró este año a Bolsa de Noticias Cavit Unver, gerente de operaciones del casino Fantastic.
También son un gremio bien unido. Han creado la Asociación de Casinos y Máquinas Tragamonedas Turísticas de Nicaragua y ya se han movilizado para que una posible reforma tributaria no les suba los impuestos.
Nos reunimos con la DGI y "expusimos nuestra preocupación del cierre inminente de nuestra industria ante la amenaza de la propuesta (de) reforma tributaria que llevaría los impuestos por máquina mensual de 20 hasta 50 y 150 dólares mensual... Esto sería el golpe mortal que terminaría con la industria, dejando a miles de empleados en la calle, sin trabajo y sin oportunidad de cómo mantener a sus familias", expone la asociación en su página web.
Una de las propuestas de la asociación fue que más bien se legaizaran unas siete mil máquinas que están ilegales en el país.
911 para adictos al juego
Los ludópatas tienen varias opciones para salir de sus adicciones. Hay instituciones que ayudan con consejos y terapias. Una de ellas es el Instituto contra el Alcoholismo y la Drogadicción. Para coordinar charlas o consejos llame al 2248 3889.
Lea ademas
Adicción por los juegos de azar
"Comienzan jugando muy poquito y de pronto se vuelven adictos"
Librexpresión
Paso de Cebra
La Brújula TV
Fútbol en letras
Desde mi ventana
Bitácora
Cultura Digital
Desde la Redacción

SE COMENTA
Escrito por 'ccc' sobre 'La bestia de los migrantes'
Escrito por 'Christopher Ramírez' sobre 'Las 12 Películas más esperadas para el 2012'
Escrito por 'carlos luis martinez' sobre 'La Vida de los Otros, una película que retrata a la Stasi'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Ivan alain castañeda ruiz ' sobre 'Historias de becados: "Estudiar, viajar y crecer"'
Escrito por 'Gerardo Huerta' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'matias' sobre 'En Argentina el "maradonismo" ya es una religión'
Escrito por 'Jazmín' sobre '¿Amor!'
Escrito por 'Diana' sobre 'Salvando a las tortugas'
Escrito por 'BOSCO' sobre '¿En qué universidad estudiar?'
Escrito por 'Alvaro Matilde' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'Eddy Ferrey ' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'francisco jose garay' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'Angela Matilde' sobre '¿Dónde está el trabajo?'
Escrito por 'natalia duarte' sobre '¿Cuánto dura el amor?'
Escrito por 'Mario Garcia Romero' sobre '2009: ¿Año 30 de la Revolución?'
Escrito por 'Roberto Bermudez' sobre '¿Es posible rescatarlas todas?'
Escrito por 'Darling Moreno' sobre 'Salvando a las tortugas'
Escrito por 'Cristopher Wallace' sobre 'Salvando a las tortugas'