Entrevista con el doctor Javier Martínez Dearreaza, especialista en neurología y siquiatria. Nos habla de las características de las personas adictas a los juegos de azar y explica cómo se puede tratar el problema
En Nicaragua no hay estadísticas de cuánta gente llega a las casas de apuestas, pero por el aumento de esos sitios (casinos, tragamonedas, etcétera), en poco tiempo la adicción a los juegos de azar —conocida como ludopatía— podría convertirse en un problema de salud pública, según el neurólogo y siquiatra Javier Martínez Dearreaza.
La adicción por los juegos de azar es un problema que afecta a la familia de los ludópatas sicológicamente. Pero también económicamente. El jugador compulsivo es una persona endeudada, con grandes problemas financieros, advierte este médico.

¿Qué es la ludopatía?, ¿en qué consiste?
Es un problema de adicción como cualquier otro problema de adicción, con la diferencia mínima de que no es adicción a ninguna sustancia, sino al juego. Sin embargo, casi es similar: el juego te da adrenalina mientras jugás; la sustancia, en cambio, tenés que ingerirla para que te suba esa misma adrenalina.
¿En este caso la maquinita, etcétera, es como una droga, entonces?
Sí, de hecho es un tipo de adicción. Las personas se vuelven adictas a las máquinas.
¿Cuáles son las características de una persona que es adicta a los juegos de azar?
Las personas comienzan jugando muy poquito y de pronto se vuelven adictas. Es como cualquier adicto. Vos comenzás y eso se va volviendo adictivo. Primero se comienza apostando poquito y quizás ganás. Después quieren ganar más y el problema es que sicológicamente si vos perdés creés que en el próximo juego vas a recuperar lo que perdiste e incluso más. Y es mentira. Eso sigue, perdés y volvés a jugar y volvés a jugar... y volvés a perder.
En la siquiatría eso está catalogado como trastornos obsesivos, por la forma como se comporta el jugador, la angustia que siente por ir a jugar para sentirse bien. La convulsión de estar jugando en las maquinitas o en las cartas; el no retirarse del juego sabiendo que está perdiendo y que no les importa tener muchos problemas con la familia o con las deudas. Ellos siguen jugando.
¿Qué cambios se sienten en una persona adicta al juego?
De pronto se van volviendo muy mentirosos, llegan a la casa, se mienten ellos mismos y a la familia. A ellos mismos diciéndose que se van a recuperar en un determinado momento, cosa que no sucede, porque cada vez se llenan más de deudas. Y a la familia le mienten diciéndole que no deben, que van y llegan tarde del trabajo, que pagarán las deudas que han adquirido; pero la verdad es que nada de eso ocurre. Generalmente todos los que juegan o tienen deudas o van perdiendo su capital.
¿Y la familia cómo reacciona?
La familia cuando se da cuenta trata de ayudarle al inicio, diciéndole que no siga jugando; ellos prometen y prometen que no seguirán, pero no cumplen. Es característico que una persona adicta deja de ir a la universidad, quedan mal en el trabajo porque se salen para ir a jugar. O cuando sale de los trabajos se van a jugar y regresan noche a la casa. Nunca cumplen. El problema comienza para ellos cuando llegan los embargos. Y ahí es cuando por la adicción al juego se perjudica a la familia. Ya el asunto se vuelve un problema familiar: hay menos dinero para la alimentación, para los gastos de la casa, para el colegio de los hijos.
¿Cómo piensan los jugadores?
Piensan que pese a sus deudas un día van a ganar y saldrán de todos sus problemas. Creen que con ese esperado golpe de suerte le resolverán los problemas a sus familiares más cercanos, que le comprarán una casa a su mamá, que le repararán la casa al hermano. Esa idea que ellos tienen en su cabeza hace que nunca dejen de jugar y se la rebusquen para ir a dejarlos (el dinero) a los casinos.
¿Por qué juegan, doctor? ¿De qué extractos sociales provienen los jugadores?
Hay un poco de todo, desde la gente que juega un córdoba en los tragamonedas, hasta los que se juegan fortunas. Unas veces se juega por soledad, porque no se tiene a dónde ir. Yo tuve un paciente ya mayor que no tenía a dónde ir. Los hijos se habían casado, él vivía solo en un cuartito; entonces en la tarde no tenía con quién hablar y se iba a los tragamonedas. Así se hizo un adicto. Y se quedaba en ese sitio hasta las nueve o diez de la noche. Este señor no era de grandes recursos, pero lo poco que tenía o conseguía lo dejaba en las máquinas tragamonedas. Así resolvía, según él, sus problemas de soledad.
He tenido también pacientes que tienen sus negocios en el Mercado Oriental y acarrean deudas por el juego. Vienen y dicen que quieren salir de ese vicio, que ya no aguantan. Este es un fenómeno que afecta a todos por igual. Aquí han venido pacientes de clase media con la soga al cuello porque toparon sus tarjetas de crédito por apostar en las maquinitas.
Tengo otros pacientes pequeños empresarios que en algunos casos se juegan en una noche hasta seis mil dólares y entonces disminuyen el capital de su compañía... y se van endeudando. Y los ricos. Pero generalmente la gente rica nunca se trata. Nunca da a conocer su problema. O si se tratan no es en Nicaragua.
¿Cómo se tratan, doctor, estas adicciones?
Primero tiene que reconocer que tiene el problema. Segundo que tenga un verdadero deseo de tratarse, sino nadie puede hacer nada. La persona tiene que darse cuenta de que llegó al fondo del barril y que tiene unas deudas enormes de las cuales no puede salir. Si ellos aceptan, ellos van a sicoterapias; ahí se les trata con fármacos que reducen la ansiedad, etcétera.
¿Qué tan probable es que la rehabilitación sea exitosa?
No hay nada que no se pueda rehabilitar. Muchas veces es difícil, pero generalmente los pacientes van saliendo poco a poco.
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