¿Medio lleno o medio vacío? Al final importó un jocote: Calle 13 puso encendida a toda la gente que este sábado 5 de septiembre se reunió en el predio baldío llamado Mundo E para disfrutar de una propuesta musical interesante, inteligente, sincrética, ¡a fuego!
Lo que más me impresionará serán la cantidad de músicos en el escenario y la energía en apariencia inagotable de Ileana Cabra Joglar. Ella es hermana de René Pérez Joglar, a quien se conoce como Residente, el tipo de las rimas directas, mordaces, críticas, a veces "vulgares, de mal gusto, muy gráficas, pornográficas"; y también de Eduardo Cabra Martínez, el Visitante, cerebro musical de Calle 13.
Veo cómo esa chiquilla —PG-13 es su nombre artístico— salta y corre y baila y canta y no se cansa. Increíble.

Esta jovencita de 21 años es la voz femenina de Calle 13.Foto: I. López/ La Brújula
He llegado a este terreno en Managua, cercano a la Rotonda Jean Paul Genie, vecino de la iglesia Hossana, desde más o menos las seis de la tarde. Demasiado temprano. Me tocará esperar unas cuatro horas hasta que Ramón Mejía, de Perrozompopo, entone su versión de La Tulacuecho e inicie el concierto.
Para matar el rato, observo el ambiente. Unas pocas personas esperan en puerta VIP. Varias muchachas muy guapas, uniformadas, promocionan una marca. Le pregunto a alguien que acaba de llegar, para no estar aburrido, por qué decidió venir al concierto. Verónica, que así se llama, de unos veintidós años, se confiesa admiradora del dúo puertorriqueño: "Tengo todos sus discos y espero ansiosa que llegue a Nicaragua Sin mapa, el documental que hicieron sobre sus viajes por Latinoamérica". Vaya, está informada. "Ellos dicen que lo que hacen es música urbana... y a mí me convencen".
Por el lado de la Preferencia me encuentro a algunos amigos y entonces desisto de preguntar nada. Retorno al área de prensa, todavía es demasiado temprano. Empieza a brisar amenazadoramente, son como las siete y aún no tenemos dónde sentarnos, una pequeña valla nos separa de las mesitas y sillas cúbicas del área de invitados, en donde alguna gente se mueve para dar los detalles últimos y hay dos minibares y varias modelos sonrientes.
Ya como a las ocho han abierto las puertas al público, que es todavía escaso. Por supuesto que la gente sigue llegando; entre los que recién entran me encuentro poetas, músicos y algunas de las caras típicas de los conciertos de trova y hasta de rock. Definitivamente Calle 13 ha tomado distancia de cierto estilo (la verdad bastante estrecho) al que se asoció en sus inicios.
Cuando estoy por fin cómodo, a las diez, conversando con María Cheng, modelo y universitaria, tratando de "pensar en positivo", según ella me sugiere mientras me obsequia una bebida de cortesía, da inicio la participación de Perrozompopo, que abarcará una hora y siete canciones.
A punto de que salga al escenario Calle 13 y ya que he tomado gratis lo suficiente, me retiro de la famosa área de prensa y me uno a mis amigos en Preferencia.

El vocalista de Calle 13 deleitó al público.Foto: I. López/ La Brújula Semanal
Según este reloj son las 11:10. René Pérez, acompañado por unos diez músicos, canta No hay nadie como tú. Los presentes entre el público corean, bailan, se emocionan; parecen muy complacidos. Veinte minutos y cuatro canciones después, el Residente invita a "unas cinco mujeres" del público a subir a bailar. Trece chavalas encantadísimas terminan en un "sándwich de salchicha", al ritmo de Se vale to-to.
Aunque su dedicatoria amarga a Bush suene un tanto anacrónica y resentida, con su canción Pal Norte asume una postura de crítica política, hace una propuesta de identidad cultural compartida, tolerante con el otro, y se solidariza con los migrantes sin papeles.
Todavía este concierto aguanta más ritmo, más movimiento, interacción entre el vocalista y su público; buena música.
Y así va acabando la cosa, conmigo agotado, contagiado de euforia colectiva, pero agotado, y la madrugada buscando llegar a su primera hora. Con la pequeña Ileana rivalizando en presencia escénica con su hermano René, ganando mi atención casi total. Y con la duda aún sobre si el concierto estuvo medio vacío o medio lleno.