Con su muerte, Alexis Argüello hizo olvidar, aunque sólo fuera por un momento, las profundas divisiones políticas que cada vez parecen afectar más a los nicaragüenses.
Al final, la figura del campeón que tanto orgullo y alegría le dio a Nicaragua terminó siendo mucho más poderosa que la imagen del político electo alcalde de Managua (en unos polémicos comicios denunciados por la oposición como fraudulentos).
Y mucho antes de su fallecimiento, la capacidad inspiradora de "El Caballero del Ring" ya había servido de base a un proyecto de novela gráfica basada en la vida de Alexis.

No se trata de una biografía. Más bien es la historia de alguien que, forzado por las circunstancias, tiene que abrirse paso en la vida a punta de golpes, y logra hacerlo sin perder la sonrisa y la consideración por los demás.

En la edición impresa de La Brújula reproducimos las páginas iniciales de este proyecto, ideado por Yasir Fajardo y Germán Pomares Herrera, que esperamos se pueda completar.

Un ejemplo de la capacidad inspiradora del "flaco explosivo". Un pequeño homenaje.

Y también publicamos esta pequeña crónica.
La muerte de un campeón
Una muchedumbre triste se ha congregado en los alrededores del Palacio Nacional de la Cultura. Muchos lloran como niños y cargan flores.
Todo un pueblo le está rindiendo un homenaje a su campeón.
Entre la gente que se agolpa en la plaza, algunos hacen ondear banderas de Nicaragua. Pero dominan las rojinegras del FSLN, el partido en el que Alexis militó los últimos años de su vida y que lo llevó a la Alcaldía de la capital en medio de la polémica.
En esta tarde de dolor, sin embargo, incluso sus opositores parecen dispuestos a perdonarle todo a “El Flaco Explosivo”. Y muchos se han dejado ir hasta la plaza sin importar la convocatoria partidaria.
Pero una vez superado el duelo, ¿cómo recordará la historia a Alexis Argüello?
El cronista deportivo Edgard Tijerino, amigo del tricampeón, es enfático: “Indudablemente, como un atleta. La gente pronto olvidará que Alexis se metió a la política. Su legado será eminentemente deportivo”.
Y doña Erminia Zeledón, una anciana que en el velorio carga un cuadro inmenso en donde un joven Argüello posa al lado de dos niños —los hijos de doña Erminia— coincide.

Ella no olvida las peleas de “El Flaco Explosivo”. Y, al igual que Tijerino, piensa que Alexis se quedará en nuestras memorias como el campeón de los nicaragüenses y no como el político que intentó ser al final de sus días.
En los años setenta, los mejores de Alexis en el boxeo, las transmisiones de sus peleas eran momentos sagrados en la casa de doña Erminia Zeledón.
“Nunca voy a olvidar a Sucre Frech cuando decía: ¡Ay muchacho, muchacho! ¡Me vas a matar del corazón!, cuando el boxeador era arrinconado contra las cuerdas o conectado por un buen golpe de su rival”, recuerda.
Aunque no lo miraba como un político, doña Erminia votó en noviembre pasado por Argüello para alcalde de Managua.
“Pero no le dimos el voto para que se rindiera, se lo dimos para que luchara”, dice la anciana llorando.
Jacinto López, por su parte, no tuvo tiempo de conocer al Alexis boxeador. Jamás miró una pelea del tricampeón en vivo. Por lo menos no en su mejor momento.
Este joven nacido en 1986 tenía nueve años cuando el boxeador disputó su última pelea en 1995, ya con 43 años a cuestas. Y así, Jacinto conoció primero al Alexis candidato a vicealcalde de Dionisio Marenco.

Es antes que nada a este Alexis político, vinculado en la última etapa de su vida al Frente Sandinista, a quien Jacinto va a rendirle homenaje en el velorio.
Está aquí gracias al CPC del barrio Las Torres, que organizó una movilización. Pero este joven, que carga un par de rosas que piensa depositar sobre el féretro de Argüello, también ha ido aprendiendo a valorarlo como boxeador, como tricampeón.
El más grande boxeador
Sobre la dimensión deportiva de Argüello las valoraciones son más o menos unánimes. Él fue, para muchos, uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos. La mayor gloria deportiva de los nicaragüenses.
Entender su herencia política es, sin embargo, un poco más complicado.
En una entrevista concedida pocos días antes de su muerte a la cadena ESPN Alexis explicaba: “Me metí a esto para tratar de cumplir con lo que no hacen los políticos”.
Sus palabras sugieren que no se veía a sí mismo como un político. O por lo menos no como uno más de la clase política criolla.

Argüello sólo fue seducido por la política en los últimos años de su vida, y a pesar de los problemas que esta le había traído con anterioridad. Su popularidad siempre fue una tentación para los políticos, que hicieron todo lo posible por aprovecharla.
Así, en los años setenta Alexis fue nombrado teniente honorario de la Guardia Nacional. Y cuando sólo había llegado a conquistar una de las tres coronas mundiales que llegaría a ostentar, en 1975 participó montado a caballo en una manifestación afín al somocismo en la ciudad de Estelí.
Años después el boxeador explicó que llegó a ese desfile engañado. Y aunque poco antes del triunfo sandinista del 79 Argüello subió al ring con la bandera del FSLN, a lo largo de los ochenta sería considerado “enemigo” del partido rojinegro.
El Argüello confiscado
Así, durante el primer gobierno del presidente Daniel Ortega, a Argüello le fueron confiscados todos sus bienes y se vio obligado a marcharse al exilio.
Y cuando Alexis Argüello buscaba su cuarta corona y fue derrotado por Aaron Pryor, El Nuevo Diario no dudó en titular “KO a la Contra”.
Tiempo después, el cronista deportivo Edgar Tijerino, en representación del FSLN, lo visitó en el exilio para invitarlo a regresar al país y devolverle sus propiedades.
Pero en ese momento Alexis no quiso regresar: estaba cansado de ser utilizado.
Fue en 1990, ya con los sandinistas fuera del poder, que Argüello regresó a Nicaragua para tratar de recuperar lo que le habían confiscado. Pero no lo lograría nunca.
Y en 1994 el tricampeón prometió en una entrevista que nunca más se metería a la política. “Que me escupan la cara si lo hago”, dijo.
"El campeón de la reconciliación"
Fue en el 2001 cuando el boxeador traicionó su palabra y regresó a la política, para sorpresa de muchos.
Pero nadie se atrevió a escupirle la cara.
Agobiado por las deudas y tal vez echando de menos el clamor de las multitudes, se unió al FSLN y fue electo vicealcalde de Managua en el 2004, como compañero de fórmula de Dionisio Marenco.
En una entrevista publicada por El Nuevo Diario ese año dijo que “cualquier político puede utilizar para su publicidad a un atleta”.
Después, el Frente Sandinista lo escogió como candidato a alcalde para las elecciones del 2008.
Muchos le señalaron que era nuevamente utilizado por un político, a lo que nuevamente respondió: “Si me utilizan para el bien de mí país, vale la pena”.
La polémica victoria que lo convirtió en Alcalde de Managua multiplicó las críticas en un mil por ciento. Acusaciones de corrupción o señalamientos que sugerían que Argüello no era sino una marioneta sin poder marcaron su paso por la silla edilicia.
Pero Alexis, con su sonrisa juvenil, nunca se molestaba.
Por lo menos en público, parecía indestructible, como en sus combates.
¿Qué lo agobiaba?
El trágico suicidio de Argüello, el primero de julio del 2009, demuestra, sin embargo, que había cosas que agobiaban al campeón, hasta el punto de quitarse la vida.
Y aunque no es posible determinar hasta qué punto lo político fue parte de la ecuación, no deja de ser trágico que incluso después de muerto se halla continuado instrumentalizando a Alexis.
En el ejercicio legítimo de intentar comprender qué pudo haber motivado a alguien como Argüello —que se había abierto paso en la vida a punta de golpes, literalmente— a quitarse la vida de un balazo, unos y otros no han dudado en privilegiar las explicaciones que más les convienen políticamente.
Y el forcejeo político incluso le quitó protagonismo a la bandera azul y blanco, la más apropiada a la hora de acompañar al campeón a su última morada.
(Colaboraron en esta nota Arturo Wallace S. Ismael López O. y Yader Luna G.)
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