El próximo 5 de julio la selección de fútbol de Nicaragua va a disputar el que por el momento será el partido más importante en la poco distinguida historia del balompié nacional: Para su debut en la Copa de Oro (el torneo más importante de la región), la "azul y blanco" jugará contra México, uno de los gigantes de la CONCACAF. Para marcar la ocasión nos pusimos a explorar la realidad del fútbol en nuestro país.
Son las diez de la mañana de un sábado y la pelota ya rueda en la cancha de San Juan de la Concha, a medio camino entre Ticuantepe y La Concepción.
Los uniformes azul con rojo, y naranja, identifican a los equipos de las comunidades de San Caralampio y San Ignacio, participantes en el torneo infantil Todos Somos Triunfadores, organizado en el municipio de La Concha por la ONG Visión Mundial.

Se trata de un duelo en la cima y San Caralampio, que por el momento gana uno a cero, está haciendo todo lo posible para mantener el resultado y, con este, el liderato.
“Por el momento llevamos seis ganados, tres perdidos y ningún empate”, me cuenta Gerald Fernando Navas, de 18 años, el orgulloso director técnico de este equipo de niños menores de once años.
Gracias a Visión Mundial los once equipos de la liga disponen de uniformes. Pero Gerald lamenta que no todos sus jugadores tengan los zapatos adecuados.
Esto no les impide, sin embargo, correr con todas sus fuerzas y entregarlo todo en la cancha. Después de todo, el fútbol es su pasión.
¿Y el quipo de sus sueños? “¡El Barcelona!”, se entusiasma Gerald. “¿Por qué cree que elegí este uniforme?”, dice mientras señala las camisetas “blaugrana” del San Caralampio Fútbol Club.

A este chavalo de 18 años, que también juega en una liga organizada por la Alcaldía de La Concepción, no lo entusiasma el fútbol nacional. Su referente es la liga de España.
Y aunque practica el deporte de forma regular, nunca ha ido al estadio a ver un partido de la primera división, a pesar de la cercanía de ciudades eminentemente futboleras como San Marcos, Masatepe, Jinotepe y la misma Diriamba.
Sabe, sin embargo, que este cinco de julio la selección nacional va a jugar contra México en la Copa Oro. El evento más importante en la historia futbolera de Nicaragua.
¿Qué dicen las encuestas?
Según una encuesta realizada por M&R para La Prensa en la víspera del mundial Alemania 2006, en Nicaragua ya se juega más fútbol que béisbol.
La encuesta fue practicada vía telefónica, lo que sugiere un sesgo hacia los centros urbanos, pero los datos —de hace tres años— le dan al balompié una importante ventaja sobre el tradicional “deporte rey” de los nicaragüenses.
Mientras que el fútbol sería practicado regularmente por casi un 23 por ciento de la población, poco menos de un 8 por ciento dice jugar al béisbol.
Y la diferencia es mucho más significativa a nivel de la juventud: mientras el 77 por ciento de los jóvenes deportistas dice practicar soccer, sólo dos de cada diez dicen jugar béisbol.

La “pegada” del fútbol también es evidente en el deporte escolar.
En los juegos estudiantiles nacionales del 2008 participaron un poco más de tres mil estudiantes y el deporte de conjunto más popular fue claramente el fútbol (con 648 jugadores), seguido por el baloncesto (386) y sólo después el béisbol (354).
Parte de la diferencia, sin embargo, tiene que ver con el hecho de que el béisbol no cuenta con una categoría femenina.
Esa es una de las ventajas del fútbol. Otra es su bajo costo.
“El fútbol es más barato. Con un balón se divierten muchos, mientras para el béisbol se necesita más equipamiento”, explica Fredal Murillo, ex jugador de la primera división nicaragüense que actualmente reside en Somoto.
“Aquí en la zona Norte del país podemos encontrarnos con niños jugando descalzos en las calles, que dan emotividad a este deporte”, cuenta Murillo, quien también llegó a jugar profesionalmente en Honduras.
“Por eso, aunque el béisbol es el deporte rey en Nicaragua, el fútbol le está haciendo una fuerte competencia aquí, pues se trata de una de las zonas más pobres del país”.
Pero si los juegos escolares son un buen indicador, la pasión por el fútbol ya no se limita a unos cuantos enclaves en el Norte, la tradicional meseta de Carazo y Managua.
“Llama la atención que, entre los departamentos, Managua no es campeón, sino que destacan Somoto, Madriz y Chinandega”, cuenta Gustavo Argüello, director de deportes del Instituto de la Juventud y Deportes (Injuve).
Chinandega llegó incluso a ganar una medalla de bronce a nivel centroamericano. “Pero actualmente el campeón nacional escolar es Rivas”, explica el directivo del Injuve.
Levanta pasiones
Miércoles 27 de mayo, 1:15 p.m. La final de la UEFA Champions League, el torneo de clubes más importante del continente europeo, está que arde.
El FC Barcelona está dominando al Manchester United y los bares de nuestra capital son una prueba más de la creciente popularidad del que un comentarista de la mexicana Televisa llama “el deporte más hermoso del mundo”.
Durante mucho tiempo, en Nicaragua la pasión por el fútbol parecía despertarse únicamente en ocasión de los mundiales.
Pero ahora los bares también se llenan para los partidos más importantes de la Champions, o de las ligas inglesas, italiana y, sobre todo, española.
Y hoy, en Multicentro Las Américas, ni siquiera hacen falta bares: una pequeña muchedumbre observa el juego a través de los cristales de la tienda de electrodomésticos Copasa.

Juegos como este, o derbis como Real Madrid-Barcelona, convocan multitudes y muchos jóvenes —de ambos sexos— viven los partidos con una intensidad impresionante.
“Pero lamentablemente existe un divorcio entre la gente a la que le gusta el fútbol en Nicaragua, que ve fútbol internacional, y la que sigue el fútbol nicaragüense”, explica Giovanni Caprotti, ex directivo del equipo de fútbol capitalino Parmalat y actual directivo del Deportivo Walter Ferretti.
“Al haber ese divorcio entre la afición y el fútbol local, también hay un divorcio entre el dinero y el fútbol local. Y esto no ayuda a su desarrollo”, lamenta Caprotti.
Efectivamente, muchos nicas no dudan en gastar buena plata en comprar réplicas de las camisetas de sus equipos y selecciones favoritas, europeas y sudamericanas.
Pero no ocurre lo mismo con la playera de la azul y blanco, ni con la de los equipos de la primera división pinolera.
“Y si la mitad de la gente que acostumbra reunirse para ver un Real Madrid-Barça fuera al estadio a ver un Estelí-Ferretti, la realidad de nuestro fútbol sería diferente”, opina Caprotti.
Tal vez no habría tenido que transcurrir tanto tiempo para que Nicaragua se clasificara a un torneo de la magnitud de la Copa Oro.
Una gran oportunidad
¿Logrará el debut de Nicaragua en el máximo torneo de la Concacaf acabar con el divorcio que señala Caprotti?
Probablemente sí, aunque sea sólo superficialmente, por unas horas, y gracias sobre todo a la magia de la televisión.
Ahí está, por ejemplo, el estadio virtual Victoria Frost: 25 pantallas de plasma y proyectores alrededor de una de las canchas del complejo deportivo La Meca, para transmitir el debut de Nicaragua contra México.
La Frost también está vendiendo paquetes de once cervezas que incluyen como regalo “las camisetas oficiales de la barra azul y blanco” y hasta patrocinó un “himno oficial”.
Y otras empresas y establecimientos también han identificado una interesante oportunidad comercial.

Lo que no está claro, sin embargo, es si el interés de estas empresas y de los fanáticos sobrevivirá a la Copa Oro.
De hecho, ni siquiera se sabe si sobrevivirá al partido contra México.
Después de todo, Guadalupe no es un rival tan glamoroso. Tampoco lo es Panamá, al que Nicaragua derrotó 1 a 0 hace relativamente poco tiempo.
Así, el estadio virtual de la cervecería está previsto inicialmente sólo para el primer juego.
“Pero si vemos que la euforia aumenta, está abierta la posibilidad de hacerlo en los demás”, explica Mario Gutiérrez, gerente de marca de Victoria Frost.
"Cualquier resultado es bueno"
Todo será más fácil si Nicaragua logra buenos resultados en el torneo. Pero ¿qué sería un buen resultado, dado el nivel de fútbol nicaragüense?
Para el presidente de la Federación Nicaragüense de Fútbol, Julio Rocha, contra México cualquier resultado es aceptable.
“Lo ideal sería perder por la mínima diferencia. Ya no digamos ganarle o empatarle”, dijo.
“Recordemos que México en el escalafón mundial está entre los primeros 10 lugares y nosotros más allá del 100. Llevarse 100 posiciones así por así es difícil”, explica Rocha.
La periodista Loanny Picado, de La Prensa, es más optimista.
“Al enfrentarse a un México que no viene con un buen récord de juegos, el temor natural del equipo nacional puede desaparecer”, piensa Loanny.
“Pueden dar la sorpresa en ese primer juego”.
Picado es una de los pocos periodistas deportivos especializados en fútbol en nuestro país. Y su esfuerzo y dedicación le han permitido cubrir mundiales y eurocopas.
Loanny cree que la selección debería aspirar a clasificar como el mejor tercer lugar a la siguiente fase.
“Pero no veo al equipo azul y blanco pasando de esa ronda”.
Una infraestructura creciente
Bajo las luces de Sports Center, un complejo de canchas de grama artificial dedicado al “fulbito”, un grupo de hombres entre los 35 y 40 años se prepara para empezar un partido.
La seriedad que debe caracterizarlos durante el día queda guardada junto a las camisas manga larga, en el casillero, cuando afloran las primeras injusticias: ni el pasado 30 de mayo se escucharon tantas alusiones a una madre, pero los hijos no parecen inmutarse.
“Me vas a hacer llorar, no me jodás”, es la respuesta de uno de los jugadores a las quejas de otro. Risas. Y se reanuda el juego: figuritas uniformadas de negro con blanco y de azul con rojo van de un lado al otro, persiguiendo una pelota.
“Esto lo hago yo por ejercicio. Ya cuando uno va a viejo se tiene que cuidar. Aparte de que divierte y despeja el pensamiento”, dice Carlos Ramírez, trabajador de una empresa privada.
Ramírez confiesa que el equipo lo conforman, en su mayoría, compañeros de trabajo.
“No venimos siempre, a veces se nos ocurre la idea de venir a jugar y lo hacemos”, cuenta. Aunque admite que esta práctica ya lleva algunos meses.
“El fútbol es bien sencillo, y lo puede jugar cualquier persona y en cualquier lado”, comenta Luis Alfaro.
“Nosotros venimos acá porque se puede jugar de noche, que es el único momento en que tenemos tiempo”, explica.
Para ocupar las instalaciones hay que pagar, pero el costo dividido entre diez jugadores, es un lujo que muchos se pueden permitir.
Y la proliferación de este tipo de instalaciones (en carretera a Masaya esta La Mecca; en carretera sur, La Liga) en las que además de alquilar canchas se organizan torneos y funcionan escuelitas de fútbol, está contribuyendo a la masificación del deporte y al aumento de la calidad.

¿Se vale soñar?
Keneth Muñoz luce cansado y su uniforme está sucio. Acaba de salir del partido debido a una falta cometida por un contrincante.
Cojea, pero no está molesto. Talvez porque el responsable de su desgracia ha sido su amigo durante 15 años.
“Ese maje es de mi barrio, le dicen Chepe, pero se llama José”.
Durante poco más de un año, entre la tolvanera de una cancha sin pasto, estos jóvenes del barrio Venezuela han organizado sus partidos de fútbol en un parque de Bello Horizonte.
Definitivamente es una opción menos glamorosa, pero más accesible que Sports Center, La Meca o La Liga.
“Aquí vienen desde las mamas de los jugadores hasta el vecino que no tiene nada que hacer el domingo”, me dice una señora que está sentada sobre un neumático relleno de cemento que sirve de banca. Se llama Auxiliadora y cuida a dos pequeños.
La tierra está húmeda y el cielo se empieza a nublar, pero los jóvenes no cesan en la disputa por la victoria.
Un pequeñín de piel morena y el pelo al estilo militar es el encargado de ir a comprar las bolsas de agua en una venta ubicada a menos de una cuadra.
“Ya nosotros hablamos con la señora para que los domingos nos tenga al menos unas 30 bolsas con agua bien helada”, me dice sonriente Keneth, quien no ha despegado el ojo del balón, desde su puesto bajo un árbol.
Efectivamente, contando jugadores, hay un poco más de 30 personas viendo el juego.
“Pásenla, jodido, no quieran jugar solos”, grita eufórico un hombre recio, vestido de camiseta amarilla y short azul.
“Ese es nuestro entrenador, es profesor de educación física en un colegio, pero como lo conocemos él nos enseña técnicas para mejorar”, comenta Muñoz.
Pero Keneth no tiene aspiraciones de deportista profesional. Dice que juega sólo porque le divierte y es una forma sana de pasar los fines de semana.
Tiene 24 años y trabaja como ayudante en un camión.

Quien en algún momento sí tuvo aspiraciones fue Óscar Zapata, ahora de 25 años.
Óscar empezó en el colegio, en las ligas estudiantiles. Tenía condiciones y pronto, a pesar de su corta edad, empezó a jugar con el equipo de Masaya, en la segunda categoría del fútbol nacional.
Luego lo llamó el Parmalat, para quien jugó en las divisiones juveniles. En una ocasión lo llamaron a integrar el primer equipo. Pero ese partido lo miró desde la banca.
En el 2003 renunció. Tenía 19 años.
“Me dijeron o estudiás o entrenás”, explica este joven abogado. “Y yo elegí mis estudios”.
“No me arrepiento”, confiesa. “Pero me hubiera gustado que las cosas se dieran de otra manera”.
Ahora Óscar se quita el rigio en Casa de España, donde juega amistosamente todos los sábados por la mañana y competitivamente en una liga de fin de semana.
Ahí comparte cancha con Luis Piuzzi, un argentino que tiene más de treinta años de vivir en Nicaragua.
Buenos jugadores, malos equipos
En ese tiempo, Piuzzi ha visto crecer el interés en el deporte y, en menor medida, la calidad.
“Cuando yo vine, a finales de los setenta, uno veía por los caminos a gente con bates y manoplas”, cuenta.
“Ahora ya ves chavalos jugando fútbol, en canchas improvisadas con dos piedras, con un par de camisetas”.
Según este argentino, aunque ahora se nota un poco más de organización, Nicaragua todavía no está al nivel del resto de países de Centroamérica. Pero no por falta de talento.
“A nivel individual yo aquí he visto jugadores extraordinarios”, explica. “A nivel de equipos, muy malos equipos”.
Sembrando talentos
Julián Díaz tiene tres años. Apenas puede hablar, pero ya maneja bastante bien la pelota.
Junto a sus dos primos asiste diariamente a las clases en la Escuela Nacional de Talentos, ubicada en Diriamba.

Este es un proyecto de la Federación Nicaragüense de Fútbol, con el apoyo de la FIFA. Una apuesta por el futuro de este deporte en Nicaragua.
A Julián su tía lo lleva diario a la escuela, situada bastante afuera de Diriamba. Dice que “vale la pena el sacrificio”, porque es un deporte bastante sano.
Además, en esta ciudad el fútbol es como una religión.
En cualquier parte de la ciudad se puede encontrar uno con un juego callejero y el equipo local, los Caciques del Diriangén, es toda una institución.
Fundado en 1917, el Diriangén actualmente tiene equipos en todas las categorías: primera división, femenino, infantil y hasta una liga local del llamado “papi fútbol”, donde juegan los veteranos.
Los caciques hasta tienen su “barra brava”, fundada en 1995 por Napoleón “Polón” Molina junto a un grupo de fanáticos.
“Siempre estamos en todos los partidos y somos unos 60, pero en las finales llegamos hasta 400 personas”, dice Rodolfo Gutiérrez, uno de los integrantes de la “barra brava”.
Durante la temporada, la barra se reúne una vez a la semana para componer las canciones e himnos que corean en los partidos. Incluso crearon un sitio web para el equipo: www.diriangenfc.com.
Y una de sus figuras es Nayel Martínez, una joven diriambina de 25 años que acostumbra pintarse la cara con el negro y blanco de los caciques.
Al estadio lleva su bandera, su banderín y su voz para gritar en cada partido. Pero también lleva una camiseta negro con blanco hecha especialmente por su familia. Una camiseta que porta con orgullo y que tiene una historia especial.
“Es una camiseta que dice ´Como Mamá Camela, yo vivo y muero por el fútbol´ y es porque mi abuelito era un gran fanático del fútbol”, comenta con tono triste. La historia la pone emotiva.
Era el domingo 13 de marzo de 1977. Según un recorte del diario Novedades, en el Colegio La Salle de Diriamba se enfrentaban el Diriangén y la UCA.
El partido estaba empatado, pero un gol de Mauricio Cruz (actual director del Diriangén) le dio el triunfo al equipo diriambino.
La emoción fue demasiada para don Orlando Artola, el abuelo de Nayel, conocido como “Mamá Camela”, quien murió apoyando a su equipo.
Con semejante tradición, no es de extrañar que la Fenifut eligiera a Diriamba para la sede de la Escuela Nacional de Talentos. Ni que una vieja gloria de los Caciques, Pedro José “Peché” Jirón, sea su director.
“Peché” dice que en la escuela atienden a unos 50 niños. “Aquí vienen niños de todas las edades que son aficionados por el fútbol y van aprendiendo poco a poco a ser jugadores”, sostiene.
“Nosotros decimos que les enseñamos el ABC del fútbol. Aprenden técnicas y cómo jugar en equipo para poder triunfar”, agrega.
Una metáfora del fútbol nacional
De regreso en San Juan de la Concha, los niños de San Caralampio siguen defendiendo el uno a cero, pero los de San Ignacio no se dan por vencidos.
Desbordan por las bandas, tiran de media distancia, intentan en jugadas individuales; pero la defensa blaugrana no cede.
Y de pronto, el drama: un pase filtrado de un volante de San Ignacio por fin atrapa adelantada a la defensa rival.
El guardameta sale desesperado a achicarle el marco al delantero ignaciano y logra desviar su disparo, pero la colisión es inevitable.
Será tiro de esquina, pero por lo pronto el porterito está tendido en el césped, con los ojos cerrados.

Los jugadores de ambos equipos lo rodean, también los espectadores, incluyendo varias madres de familia que piden a todos apartarse para que el niño tenga algo de aire.
Alguien le acerca un botiquín al árbitro, que se apresta a atender al heroico guardavallas.
Este se recupera poco a poco, pero no podrá continuar el partido.
“Está débil”, explica el árbitro, José Antonio Velásquez, un profesor de educación física que también entrena a la selección infantil local.
“Es que a veces a estos niños los mandan a jugar sin desayunar”, dice.
Talvez sea una metáfora del fútbol nicaragüense: condiciones materiales limitadas, pero muchas ganas y cada vez más entusiasmo.
El juego se reanuda y San Caralampio se queda con la victoria. Deportivamente, todos los jugadores se dan la mano. Y dos nuevos equipos de niños menores de once años se preparan para entrar al terreno.

Después de todo, hoy es sábado. Es día para jugar al fútbol en Nicaragua.
(Participaron en la elaboración de este artículo Arturo Wallace-Salinas, Roberto Salinas, Yáder Luna e Isaac Fernández de la Villa)
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