El poco hábito de lectura y el costo de los periódicos han hecho que la prensa escrita sea un medio de minorías que no puede competir en alcance con la radio y la televisión.
En un país fundamentalmente joven, como Nicaragua, tener un siete por ciento de penetración garantizada entre la población menor de treinta años de edad parece algo suicida desde el punto de vista comercial.
Pero según la primera Encuesta Nacional de Juventud, ni siquiera uno de cada diez jóvenes nicaragüenses se informa a través de los periódicos, prefiriendo para esto en primer lugar a la radio y después a la televisión.

En estas preferencias la juventud nicaragüense no se diferencia mucho del resto de la población. El poco hábito de lectura y el costo de los periódicos han hecho que la prensa escrita sea un medio de minorías que no puede competir en alcance con la radio y la televisión. Y, de hecho, la tasa de penetración de periódicos en Nicaragua está muy por debajo del promedio en América Latina.
Pero que siete de cada diez jóvenes entre 15 y 30 digan no leer periódicos nunca, como sostiene la Encuesta Nacional de Juventud, no deja de ser preocupante. ¿Será que adquirirán el hábito una vez que pasen de los treinta?
Parece difícil. Y si lo hacen, probablemente en lugar de comprar periódicos los lean por Internet.
Por ejemplo, Alexander Rojas, quien estudia Ingeniería en Computación en la UNI, cree que es injusto pedirle a un joven que gaste cinco pesos al día en comprar un periódico, cuando tiene que gastar en sus estudios. “A mí me resulta más cómodo leer cosas de Internet. Y todo lo que dicen los periódicos lo puedo leer en la Web”, explica.
Mientras, para Adonis Arauz, estudiante de Administración de Empresas de la Universidad Centroamericana (UCA), parte del problema tiene que ver con la actitud de una juventud apática que no hace un esfuerzo por estar informada.
“Pero también tiene que ver con el tipo de información que brindan los principales medios, pues dejan mucho que desear”. A su juicio, los periódicos nacionales le dan mucha prioridad a los temas políticos, que no atraen a los jóvenes. Y tal vez por eso es que en el caso de La Prensa, por ejemplo, los jóvenes entre los 18 y los 24 años ni siquiera la están leyendo en Internet.
Según Alexa.com, una compañía dedicada a monitorear el tráfico en la red, este grupo de edad está subrepresentado entre los lectores de laprensa.com.ni. Y aunque, en lo que a ese grupo de edad se refiere, la situación del sitio electrónico de El Nuevo Diario está un poco mejor, sin los lectores y anunciantes de la versión en papel este sitio no tendría razón de ser.
De acuerdo a su director, Francisco Chamorro, elnuevodiario.com.ni no produce lo suficiente como para generar contenido propio, apenas para cubrir sus gastos técnicos y de administración. Y si las futuras generaciones no leen y compran periódicos, estos simplemente no van a poder sobrevivir.
A pesar del ambiente de crisis, periodistas como Matilde Córdoba, de El Nuevo Diario, están convencidos de que los periódicos impresos “no morirán, porque habrá lectores que no los dejarán desaparecer”.
Carlos Salinas, de La Prensa, coincide, pues cree que en el futuro las publicaciones impresas “serán tan necesarias como ahora, a pesar de todos los malos augurios”.
Salinas, sin embargo, reconoce que la sobrevivencia de los periódicos dependerá, entre otras cosas, de “la capacidad que tengan para adaptarse a los cambios tecnológicos”.

“Los diarios también van a tener que comprender que las ediciones impresas serán para contar, explicar y analizar. Que van a tener que ofrecer más cultura, más investigación, más historias, más análisis”, sostiene Salinas.
De la misma manera, Córdoba reconoce que una de las cosas que tienen que hacer los periódicos es poner mayor esfuerzo en satisfacer las demandas de los lectores, con nuevos temas y trabajos más completos.
Pero hay expertos que no son tan optimistas. En su libro The Vanishing Newspaper, el periodista ganador del Pultizer, Philip Meyer, llega incluso a ponerle fecha a la desaparición de los medios impresos: el primer semestre del 2043.
Y para mientras, en todo el mundo, periodistas, editores, académicos y dueños de periódicos buscan la receta que los pueda salvar. Las propuestas incluyen nuevos modelos de negocios, como la prensa gratuita, hasta un sistema de microcobros que permita rentabilizar la popularidad de sus ediciones en Internet sin espantar a sus visitantes.
Pero la importancia de ayudar a construir una nueva generación de lectores tampoco se puede desdeñar. De hecho, tal vez esa sea la tarea más importante de todas. Y no sólo en Nicaragua, sino a nivel global. De lo contrario, como sostiene el editor-at-large del San Francisco Chronicle, Phil Bronstein, “lo más esperanzador que uno puede decir de los periódicos hoy en día es que la gente de edad está viviendo más tiempo”.
Para atraer a los jóvenes a la lectura y de paso ayudarles a los periódicos a superar la crisis, el Gobierno francés le está ofreciendo a la gente una suscripción anual gratuita al periódico de su elección al momento de cumplir 18 años.
¿Se imaginan algo similar ocurriendo en Nicaragua?
En este esquema, anunciado a principios de año por el presidente Sarkozy, los periódicos regalan las copias y el Gobierno cubre los costos de distribución. La idea es ir creando una nueva generación de lectores, que puedan valorar las ventajas de las publicaciones en papel.

Según un artículo publicado en el diario británico The Guardian, aunque la medida fue bienvenida por los periódicos, varios analistas consideran que no resuelve el problema de fondo. Este es que los periódicos franceses están diseñados para atraer a lectores de mediana edad, y no para interesar a jóvenes adultos que obtienen la mayoría de sus noticias de sitios como Google News y Digg-France.com.
Vincent Crespel, un profesor de secundaria, le dijo a The Guardian que sus alumnos leen periódicos, pero por lo general son los diarios gratuitos como Metro y 20Minutes. Y cuando les interesa algo más de profundidad en la información, consultan las versiones electrónicas de diarios tradicionales como Le Monde.
Según datos de la Federación Alemana de Editores de Periódicos, aproximadamente un 47 por ciento de los jóvenes alemanes entre los 14 y los 19 años leen periódicos regularmente.
La cifra ha bajado mucho desde hace veinte años, cuando los jóvenes lectores eran el 77 por ciento, pero es considerablemente más alta que en muchos otros países. Y, contrario a la creencia popular, los jóvenes alemanes que ocupan la Web como fuente de noticias también acostumbran leer periódicos.
“Es más fácil leer en papel que en la computadora, y la posibilidad de que encuentre cosas que me sorprendan es más alta que en el sitio web”, le dijo a The Guardian Sarah Künne, una estudiante de bachillerato de 18 años.
Los periódicos en Alemania pagan menos IVA que otras industrias, pero no reciben el mismo tipo de apoyo que en Francia, porque todavía se trata de una industria saludable (el 72 por ciento de toda la población lee periódicos regularmente). Y la lectura de periódicos es un componente importante de los programas de estudio en Alemania, a veces desde el nivel de kínder.
Las últimas tres décadas han sido muy buenas para los periódicos chinos, y la apertura económica los vio crecer de 186 títulos en 1978 a 2,137 en el año 2002. Y en la medida en que aumenta la población urbana, así como sus niveles educativos, también ha aumentado su circulación.

Según estadísticas oficiales, en el 2007 más de la mitad de los jóvenes de 15 a 24 años que vivían en áreas urbanas decían leer el periódico diariamente. Pero, según The Guardian, en el país con el mayor número de internautas en el mundo (300 millones, y contando) los jóvenes están abandonando rápidamente los medios impresos.
Una ventaja que tiene Internet por encima de los medios impresos, es que en la red los jóvenes chinos pueden acceder a las noticias censuradas en los medios oficiales. Ya que aunque el Gobierno limita el acceso a material “inadecuado”, este a veces se les escapa, o puede ser rápidamente distribuido vía blogs, correo electrónico o chat antes de ser censurado.
La televisión es la principal fuente de noticias para la mayoría de los norteamericanos, pero en lo que a los jóvenes se refiere la Internet está jugando un papel cada vez más preponderante, muy por delante de los periódicos.
Hace dos años, estos dos medios estaban sin embargo muy cerca uno del otro: Internet era la principal fuente de noticias del 32 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años y los periódicos del 29 por ciento. Pero a finales del año pasado Internet ya era el medio preferido de seis de cada diez, y los periódicos habían caído un punto porcentual.
Los periódicos —en papel— no son parte de la vida cotidiana de David Helene, un neoyorquino de 18 años entrevistado por The Guardian. “Siempre estoy ocupado y moviéndome todo el tiempo. Me es difícil encontrar tiempo para leer el periódico”, explica.
Pero por lo menos David revisa unas tres veces a la semana el sitio electrónico del New York Times. La mayoría de los adolescentes norteamericanos no acostumbra visitar los sitios de periódicos, sino que recibe sus noticias a través de redes sociales como Facebook o Twitter, o aleatoriamente a medida que navega por la red.
El desarrollo económico de la India también se ha traducido en mayores niveles de educación y un mercado publicitario cada vez más grande, lo que ha aumentado la penetración de los periódicos. Pero, según The Guardian, los periódicos no se esfuerzan en ser atractivos para los lectores jóvenes, que prefieren ocupar la Web o sus celulares para informarse.

Shubit Kumar, un estudiante de 21 años, confiesa que dedica una hora al día a navegar por la Web, pero sólo 20 minutos a leer el periódico. “Los periódicos sólo te cuentan la historia, no te dan el análisis”, dice. “Así que si algo me interesa mejor lo busco en la Web”.
“Tampoco abordan suficientes temas. Yo toco en una banda de rock, pero en los periódicos nunca encuentro nada sobre Iron Maiden o Coldplay”, explica.
Varios expertos, sin embargo, temen que por buscar aumentar su atractivo entre amplios sectores de la población los periódicos se vuelvan más triviales y dejen de cubrir los temas importantes.
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