A nivel mundial, los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte para los jóvenes entre 10 y 24 años. Por eso no importa si manejás, andás a pie, en taxi o en bus: el de la seguridad vial es un problema que debería importarte.
Según la Organización Mundial de la Salud, con aproximadamente 1.2 millones de muertes al año - 3 mil 287 cada día - los accidentes de tránsito son la 11va causa de mortalidad a nivel mundial, pero la primera entre los jóvenes de 10 a 24 años.
Y la inmensa mayoría de los fallecidos, pero también de los lesionados y discapacitados - entre 20 y 50 millones al año - viven en los países en vía de desarrollo. Como el nuestro.
De hecho, según un informe de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, en el año 2020 la inseguridad vial podría llegar convertirse en la tercera causa de muerte y discapacidad en el mundo en desarrollo.

Además, en Nicaragua, desde el 2003 el número de accidentes ha aumentado todos los años.
De hecho, con 22 mil 334 incidentes registrados, el 2008 tiene el record histórico en lo que a accidentes se refiere.
Y aunque el número de fallecimientos disminuyó levemente en comparación con el año anterior, 514 muertos siguen siendo demasiados.
Costos de todo tipo
Detrás de cada uno de ellos, y de la mayoría de los 5 mil 462 lesionados reportados a nivel nacional - ¡15 por día! - se esconden dolorosos dramas personales.
Y las pérdidas materiales, especialmente para países pobres como Nicaragua, también son exorbitantes.
La CEPAL calcula que, en los países de renta baja, los costos económicos y sociales de accidentes y lesiones provocadas por los accidentes de tránsito ascienden a por lo menos el 1% de su Producto Interno Bruto.
En el caso de Nicaragua, esto equivaldría a por lo menos 1,056 millones de córdobas (si se emplea para el cálculo el PIB proyectado por el Banco Central para el año 2007).
Esto equivale a casi siete veces lo asignado al Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales en el proyecto de presupuesto de este año. O a una quinta parte de lo previsto para los Ministerios de Salud o Educación.
Y excede en 30 millones lo que recibió la Policía Nacional el año pasado.
Lo peor, sin embargo, tal vez sea que a menos que uno se abstenga de circular por la vía pública, todos somos sujetos de riesgo.
Pero también, y a lo mejor sin darnos cuenta, parte del problema.
Un problema con muchas aristas
Efectivamente, según la Organización Mundial de la Salud, el nivel de riesgo de los usuarios de la vía pública depende de varios elementos.
El primero es la exposición; es decir, la cantidad de desplazamientos que uno se ve obligado a hacer durante un día, una semana, a lo largo del año.
Dicho más sencillamente: entre más tiempo pasa uno en la calle, más posibilidades tiene de verse involucrado en un accidente.
Por eso la mala planificación urbana también contribuye a la inseguridad vial: una ciudad extensa y desordenada - como Managua - puede obligarlo a uno a desplazarse grandes distancias para realizar un mismo trámite, aumentando así el riesgo.
Y la mala planificación individual también puede tener el mismo efecto.
Ya luego, la posibilidad que esos desplazamientos resulten en accidentes, depende de varios elementos.
Por un lado, está todo lo que tiene que ver con el comportamiento de los usuarios de la vía pública.
El conducir a una velocidad inadecuada o excesiva, por ejemplo, aumenta el riesgo de accidentes; y lo mismo ocurre como producto del cansancio o el consumo de alcohol.
Pero similar efecto tienen los defectos de diseño, trazado y mantenimiento de los caminos, calles y carreteras.
Estos también pueden dar lugar a un comportamiento riesgoso por parte de los diferentes usuarios - choferes que manejan a alta velocidad, peatones que cruzan en lugares inadecuados.

Y ahí están los riesgos asociados con el estado mecánico del vehículo, tales como fallas de los frenos o límites a su maniobrabilidad.
Finalmente, la probabilidad que los accidentes resulten en traumatismos se ve incrementada cuando la vía pública debe ser compartida por vehículos y usuarios vulnerables como peatones y ciclistas.
O por no ocupar cinturones de seguridad ni cascos protectores - en el caso de los usuarios de vehículos de dos ruedas.
Esta pluralidad de factores deja bien en claro que el problema de la seguridad vial no es únicamente un problema de la policía.
Es un problema de salud pública, cuya atención requiere de la intervención de múltiples actores.
Incluyéndote a vos.
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