La lógica con la que opera el sistema de transporte colectivo incentiva a los choferes a manejar de forma temeraria. La velocidad, junto con una buena dosis de imprudencia, son sólo algunas de las armas que emplean en la denominada "Guerra del Centavo". K.W. Stephenson reporta desde el campo de batalla.

Me preparo para la guerra. Son las 9 de la mañana y estoy en la parada de la Universidad Politécnica de Nicaragua. Un puñado de veteranos espera conmigo, pero soy el único que ingresa en la ruta 111.
El chofer es un hombre moreno, con una cicatriz de unas seis puntadas en la barbilla. Tiene el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Tal vez está sofocado por el calor. Tal vez es que está acostumbrado a que le griten y le insulten. Después de todo, ese parece ser el pan de cada día de los buseros. Pocas personas parecen despertar menos simpatía que los encargados de trasladar a los managuas que a diario se desplazan en bus por la capital.
Pero a esta hora, y en esta parada, nadie reclama ni grita. En el bus todavía hay asientos vacíos y yo encuentro uno, tres filas detrás del chofer, al lado de la ventana. Cuando llegamos a Multicentro Las Américas, sin embargo, ya no hay tanto espacio. Y la joven alta y muy maquillada que va de pie, sosteniendo libros en una mano y agarrándose del bus con la otra, está librando su propia guerra, buscando como cuidar sus bolsillos y no ser manoseada por algún oportunista.
Mientras, mi vecino de asiento - Luis, un estudiante de 18 años de la UNAN - me cuenta sus experiencias en el campo de batalla: desde que empezó a tomar esta ruta, hace dos años, lo han asaltado dos veces. Y son varias las ocasiones en las que le ha tocado viajar guindado de la puerta. Acusa resignadamente al gobierno de no invertir lo suficiente en el sistema de transporte público y por no hacer cumplir las medidas de seguridad.
La lógica comercial del sistema tampoco contribuye a la seguridad y comodidad de los usuarios. Hace unos días, un experto en sistemas de transporte público, publicó en El Nuevo Diario un artículo de opinión denunciando "la guerra del centavo" en la que día a día se ven envueltas las 750 unidades del sistema del transporte urbano colectivo de la capital y muchas de las que cubren las rutas inter-urbanas.
Según Eddy Sandoval Fornos, la guerra del centavo es la lucha de los conductores por incrementar el recaudo diario de las unidades de transporte. Para conseguirlo necesitan trasladar el máximo número de pasajeros en el menor tiempo posible.
Y su principal arma es una forma de conducir agresiva, la antítesis misma de la seguridad vial. No en balde los taxis inter-locales son conocidos popularmente como "inter-mortales".

Desde mi asiento en las 111 experimento en carne propia esa forma de manejar. No logro ver el camino, pero puedo deducir las maniobras del bus: siento los cambios de carril, escucho el ensordecedor sonido de la bocina y me agarró como puedo cada vez que el bus atraviesa un bache.
“¡Dejá de mamar gallo!” le grita el busero a un particular que lo "está atrasando" en una señal de "Alto" cerca del Cementerio Oriental.
La verdad es que David - así se llama el busero - no tiene tiempo que perder. Tiene que estar en la terminal a una hora determinada. Más tarde me explicará que por cada minuto que llegue tarde le descuentan 10 córdobas de las ganancias del recorrido. En otras palabras, 10 minutos de retraso le significan una pérdida de 100 córdobas.
Al mismo tiempo, sin embargo, no le sirve de nada llegar a tiempo pero habiendo recogido pocos pasajeros. Por eso en la parada del Gancho de Camino, en el Mercado Oriental, permanece hasta cinco minutos esperando que la unidad que se acaba de vaciar se vuelva a llenar.
Hoy no hay suerte. Vendedores ambulantes suben para ofrecer refrescos, confites y un combo promocional de lapiceros y cepillos de dientes. Pero nuevos pasajeros, pocos. Y el tiempo perdido en la espera lo tiene que recuperar manejando aún más rápido.
Tal vez por eso, y como no se hay potenciales clientes en la parada de Plaza el Sol, el bus pasa de largo y sin detenerse. Una señora, sorprendida, le exige al chofer que se detenga y suelta uno que otro improperio. Pero este le responde que la parada ya pasó. Tiene un tiempo que marcar.
Un frenazo repentino le hace soltar exclamaciones a casi todos los tripulantes. Casi chocamos con un taxi, lo que ayer me habría parecido el colmo de la ironía, ya que la percepción generalizada es que buses y taxis son responsables de buena parte de los accidentes de tránsito que se producen en el país.
Pero acabo de descubrir que se trata de una percepción equivocada. Por lo menos de acuerdo a las estadísticas que maneja la Policía Nacional.
Según datos proporcionados por la Policía, el número de accidentes en el que se vieron envueltas unidades del sistema de transporte colectivo durante el 2008 fue de nada más 230.
Eso equivaldría a poco más del 1% de todos los accidentes registrados en el país.
Y las unidades de los sistemas de transporte selectivo - los taxis - también habrían sido responsables en una proporción similar.
David, sin embargo, parece tener una maestría en accidentes de transito. Tiene 36 años y está involucrado en el sector transporte desde que tenía 8 años.
“Cuando era pequeño mi mama me mandaba a la escuela, pero yo me salía para andar en los buses” me cuenta.
Luego se hizo ayudante de chofer, y durante el servicio militar adquirió experiencia manejando camiones. Afirma haber estado involucrado en unos 10 ó 15 accidentes de tránsito, pero ninguno fatal.
Estamos en la Colonia Miguel Bonilla, frente a la UNAN. Aquí la 111 se devuelve y mi viaje está a punto de terminar, ya que planeo terminar mis aventuras como corresponsal de guerra en la parada de la UCA.
Para David, sin embargo, el día de trabajo a penas está empezando. A lo largo del día tendrá que repetir el recorrido desde el Mercado de Mayoreo hasta acá varias veces.
Cada trayecto una batalla más en la guerra del centavo.
¿Qué se puede hacer?
Según el licenciado Sandoval Fornos, la "guerra del centavo" se da cuando existe un alto nivel de fraccionamiento en la propiedad de las unidades de buses, estas se administran de forma individual, la remuneración de los choferes está vinculada al recaudo diario y encima estos se ven obligados a competir con otras rutas.
Su recomendación es pasar del actual sistema, que promueve la competencia por el pasajero en la vía (competencia en el mercado), a otro que promueva la competencia por obtener y conservar el derecho a explotar una ruta o área de servicio, en base a la calidad del desempeño (competencia por el mercado). Entre otras medidas.
Podés leer el artículo completo haciendo click aquí.
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