Escribo para continuar formas de vida que respeto y admiro. Es como una herencia...
¿Por qué, para quién y sobre qué escribo poesía?
Escribo para continuar formas de vida que respeto y admiro. Es como una herencia. Al principio la poesía se te da naturalmente (o eso pareciera). Luego se te vuelve un hábito y finalmente una forma de vida. Escribir a diario y, mejor aún, corregir, se convierte en un oficio. Si no escribo ando con el alma y la vida desordenada; me siento dispersa. Yo creo en el trabajo organizado del verso. Para escribir buena poesía hay que leer mucho y luego callarse. Hay que esperar que las lecturas y experiencias (unidas al misterioso talento personal) renazcan en algo diferente y propio. Pero ese renacer no es automático; toma tiempo. El tiempo todo lo madura. La corrección todo lo mejora. Hay que corregir con delicadeza, con manos de seda, para no quitarle al verso su frescor. Ese proceso de darle forma a las ideas, modelarlas, trabajarlas a mi me causa placer. Me comunica con el mundo. Es un honor.
Escribo en soledad para mi misma, a veces en diálogo con los maestros a veces escupiendo obsenidades sobre el silencio. No tengo ninguna audiencia específica en mente sino más bien valores inalcanzables que me seducen y me burlan: La perfección, la originalidad, la verdad. Es como una deliciosa tortura saber que nunca voy a escribir el poema perfecto pero deleitarte en el intento.
La elección de temas pasa casi siempre de forma natural. Si por un lado se necesita conciencia para darle forma a la idea, también hay espontaneidad a la hora de elegir temas. Estos obedecen a preocupaciones cercanas a mi realidad: la poesía misma, la reflexión sobre la escritura, ciertos valores que considero absolutos. Con el paso del tiempo, voy encontrando motivos que se vuelven emblemas. Son como una gran metáfora para mi escritura. Por ejemplo, cuando estudiaba teología me interesaba todo lo que tiene que ver con el Paraíso (Eva/Isha, Dios, Adan, la caída...) porque esa palabra me hacía pensar en la historia, en el desarrollo de la identidad humana, en los géneros, en mi propia condición de mujer. Entonces leía, investigaba, me apoyaba en la tradición literaria, hablaba con mis profesores, y ese trabajo renacía en poemas. Luego, me obsesioné con las piedras (y aparecen en una etapa de mi poesía). Una época anduve preocupada por la sal, otra por la sangre: Palabras que se cargan de valor subjetivo y funcionan como catalizador. Son arquetipos que me han interesado y me siguen interesando. Sin embargo, el tema constante en mi vida (y por lo tanto en mi poesía) ha sido la palabra misma. La palabra como símbolo y realidad, como principio y final, como acción y causa, porque para mi, es con palabras que construimos un mundo mejor.

Yaoska Tijerino Espinosa (Managua. Sept. 1979). Doble Licenciatura en Inglés y Comunicación, Saint Louis University (2002). Maestría en Literatura del Siglo de Oro Español, Tulane University (2004). Doctorado en Literatura Hispanoamericana (A.B.D.) también de Tulane. Sus poemas han aparecido en diarios, revistas y antologías de Nicaragua y el extranjero. Actualmente da clases de literatura y lengua en Saint Louis University.
La memoria trasciende los bordes del tiempo
y busca entre los días
la palabra que sustente esta derrota.
Se sumerge en el pasado
como delfín en las profundidades del agua.
Fuimos jóvenes ante el altar de los dioses falsos,
fuimos ceniza y fuego
de nuestro pentecostés pagano,
con la Sodoma particular
tras la Gomorra individual.
Fuimos el pecado sin hora y calma.
Aprendimos que el dolor es inútil
como inútiles son los muros de esta casa.
Cierro los ojos y no me contengo.
Sé que no me atrapan estas paredes.
Sé que hay más libertad en el aire
para que escapen mis ansias.
Más alto llegarán mis palabras,
hasta allá, más alto todavía.
Día futuro que mi memoria ya presiente.
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